Etapa 6. O Cebreiro – Melide. 113 km
La cumbre de O Cebreiro, a 1400 metros de altura, amanecio con una intensa y humeda niebla. A pesar de que no llovía, las bicis estaban totalmente caladas. Esta vez todo las personas del albergue apuramos hasta casi las ocho en el saco, parece que la subida del día anterior nos afecto a todos.
Tras desayunar en el único bar que había abierto, a las 9 ya estabamos descendiendo. Suerte que traje ropa de invierno. Menudo frío. Encima mojándonos. Peor lo paso Jon, con coulotte corto y sin guantes. Los maños, que salían a la par, no pudieron evitar hacer un chiste de bilbainos.

Tardamos casi 20 km en deshacernos de la niebla, por lo que bajamos deseando tomar algo para entrar en calor. La parada la hicimos en Sarria, un café caliente y un pincho de tortilla. A las 12 estabamos de nuevo en ruta. Nos quedaba el supuesto descenso a Portomarin, que de descenso tenía poco, sino de rompepiernas. En este tramo el globero a sufrido como un perro, y ya tocaba. La dureza de la etapa del día anterior me estaba pasando factura. A pesar de sufrir, a las 2 estabamos en Portomarin con 72 km en la buchaca. Y aún faltaba lo peor.
Tras reponer algo las fuerzas, en media hora estabamos subiendo de nuevo. Fueron unos 10 km picando para arriba, una paliza a esas alturas. En ese tramo, cada uno hacía ya la guerra por su cuenta. Jon, que estaba mejor, tiró para adelante. Quedamos en Palas de Rei. Una vez superada la subida, me tome un café para entrar en calor, que hacía falta. El resto de la etapa rode bastante bien, superando el bache. Encima, el tramo hasta Melide es de los más bonitos: entre bosques, aldeas y vacas. Incluso tuve que ir detras de un aldeano y su rebaño, esperando a que llegaran al pasto. Aproveche para recuperar de una cuesta y charlar un rato con el pastor.

En Palas, y aunque parezca mentira, Jon se encontro con uno de su cuadrilla que estaba haciendo el camino andando. Estuvimos un rato hablando con el, y continuamos, nos quedaban varios kilómetros, algunos duros. Tras varias ascensiones y descensos, aparecimos en el albergue de Melide. Nuestra idea era detenernos en el pueblo anterior, pero no había albergue, a pesar de que lo indicaba mi rutómetro.
Tras meternos una buena cena, lentejas y ternera asada a cantidades industriales, y ¡por ocho euros! Tocaba sobarla. A ver si nos dejan, el albergue esta arriba, asi que para las 6 nos despiertan seguro.