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Mes: octubre 2011

Islandia. Día 3. Skogar – Hvoll

Islandia. Día 3. Skogar – Hvoll

Si el segundo día de ruta se puede considerar el de las cascadas, el tercero lo podemos declarar como el días de los glaciares. Resulta curioso que escriba tan alegramente sobre estos fenómenos naturales, como si fuera lo más normal del mundo. Y es que un viaje de este tipo te puede cambiar radicalmente la forma de apreciar las cosas: una vez vistas tantas maravillas de la naturaleza, lo que en los primeros días era un asombro constante, en los últimos por ejemplo llegaba a convertirse en una cascada más, como si estuvieramos habituados a verlas en nuestro día a día. Es cuando vuelves a tu entorno, cuando despiertas y aprecias realmente lo vivido.

Y tras esta chapa, vuelvo al relato y a contaros como fue el tercer día. Salimos de Skogar sobre las 9, y en unos pocos minutos nos dirigimos hacia nuestro primer destino del día: el glaciar de Solheimajokull. Abandonamos la carretera, y nos metidos por una pista en muy mal estado, por la que tuve que conducir esquivando charcos, piedras, boquetes… y ovejas, hasta llegar a un aparcamiento. Teníamos el glaciar a la vista, a unos 1o minutos andando. No hace falta decir que el entorno era increible. Parecía que estabamos en la luna.

Glaciar Sólheimajökull

A medida que nos acercabamos veíamos con más detalle la lengua del glaciar. El frío era intenso. Siguiendo el curso de uno de los ríos que nacía en ese punto, llegamos incluso a tocar el hielo. Recomendaban no caminar sobre el hielo por precaución, no fuera a desprenderse algún tempano. Eso sí, había la posibilidad de hacer una ruta acompañado de un guía y con el material apropiado. Sólheimajökull es solo una de las lenguas de un inmenso glaciar, el Mýrdalsjökull (con una extensión de 600 km cuadrados), pero tenía 8 km de largo y 1 km de ancho.

Tocaba volver a la carretera, y si hasta ese momento habíamos tenido suerte con el tiempo, y vimos el glaciar solo acompañados del frío, en unos pocos minutos hubo un cambio radical: empezo a llover a mares. Hasta ese momento habíamos ido paralelos a la costa, a unos 2 km, pero la carretera 1 iba acercándose cada vez más al mar. Por consiguiente, el viento era cada vez más violento. Durante un par de horas, fuimos siguiendo la ruta y conduciendo con precaución. Pasamos casi sin detenernos en los dos siguientes paradas: Dyrhólaey y Dyrhólaey. Las dos se encontraban enclavadas en una península espectacular. Pudimos apreciar las vistas desde el coche, incluso en algún punto llegue a salir para grabar un poco, pero era un infierno: ni se podía grabar, ni se podía estar mucho tiempo a la intemperie. En esa tesitura, y tras atravesar un paso de montaña, llegamos al pueblo de Vik.

La playa de Vik, la única que pisamos

Con sus 300 habitantes, Vik es uno de los mayores nucleos habitados del entorno, este dato os puede servir para haceros una idea del modo de vida islandes.  Aprovechamos para hechar gasolina al coche y tomarnos un cafe en el grill de la gasolinera. En Islandia, las gasolineras son en muchas ocasiones el único sitio en el que tomar o comer algo. Todas tienen su supermercado y su grill, por lo que en muchos pueblos, en los que no hay ningún servicio más, son el punto de encuentro de los vecinos. En nuestro caso, nos salvaron el culo en más de una ocasión. Soliamos hacernos la cena en el hostel, pero para comer era difícil encontrar un restaurante, por lo que mucho días tiramos de grill, y gracias a que estaban.

Cañón en Kirkjubæjarklaustur

Precisamente, ese día comimos en la gasolinera de Kirkjubæjarklaustur. Antes de llegar a ese pueblo, atravesamos un desierto de unos 40 kilometros en los que no vimos ni rastro de civilización. A lo sumo, algo de ganado, pero poco. No era un desierto de arena precisamente, sino de piedras volcánicas, y de color verde, ya que estaban forradas de musgo. Antes de llegar al pueblo, nos desviamos por una pista, que se supone llegaba a algún sitio de interés,  así fue como descubrimos el cañón de la foto. Creo que tenía 3 o 4 km de largo.

Granja Nupsstadur

Ya por la tarde, visitamos la granja abandonada de Nupsstadur. Los descendiendentes de los últimos granjeros, decidieron dejar las casas tal y como estaban cuando su último habitante murió. Paseando entre las casas, se podía apreciar la curiosa forma de construir que tenían, usando la turba, hoy en día en desuso. Con sus tejados cubiertos de tierra y hierba, y sus anchos muros, de al menos medio metro. En la última casa habitada, había un cartel con las fotos y la biografía de dos hermanos, sus últimos habitantes, que fueron enterrados en el cementerio de la granja. Descubrimos sus lápidas visitando la curiosa iglesia de la granja.

El tiempo mejoro por la tarde, al menos ya no estaba lloviendo, así que como andabamos bien de tiempo, decidimos aprovechar y adelantar una de las visitas del día siguiente: el parque natural de Skaftafell. Mientras nos acercabamos al lugar, fuimos circulando en paralelo a uno de sus glaciares. Si el que visitamos por la mañana, Solheimajokull, nos pareció grande, lo de Skaftafell no tenía nombre. En este punto, hicimos uno de nuestros primeros rallyes ‘off-road’. Siguiendo las indicaciones de un cartel que indicaba un punto de interés, nos salimos de la carretera para meternos en una pista que atravesaba un entorno volcánico. Parecía que nos dirigiamos al glaciar, pero inesperadamente, nos encontramos en una pista de arena, en la que las ruedas del coche se iban hundiendo, todo esto escuchando como los bajos rozaban con la arena. Seguimos unos cien metros, pensando que aquel camino tenía que llevar a algún lado, pero tras intentar subir una cuesta, hundir las ruedas y darle un buen acelerón para salir marcha atras, decidimos largarnos por donde habíamos venido. Todo esto, con Esti echándome la bronca por meterme por meterme por ese camino.

Restos del antiguo puente

En esta zona de glaciares, la carretera 1 atraviesa ríos continuamente, algunos de los cuales suelen tener crecidas espectaculares. Unos pocos años antes, uno de esos puentes fue arrasado por la fuerza del caudal. Durante el tiempo de reconstrucción, los coches tuvieron que atravesar el río mediante barcazas. Hay que tener en cuenta que la carretera 1 es la única forma de moverse por la isla. En la foto se puede ver como quedo el puente, habían dejado este amasijo de hierro como recuerdo.

Para terminar el día visitamos parte del parque Skaftafell, concretamente, unos de sus glaciares. Mucho mayor que el visitamos por la mañana, no pudimos acercarnos todo lo que quisimos, ya que empezó a llover con insistencia y tuvimos que darnos la vuelta.

Islandia. Día 2. Laugarvatn – Skogar

Islandia. Día 2. Laugarvatn – Skogar

Segundo día en Islandia. Con la perspectiva de todo viaje en la retina, puedo decir que fue uno de los más completos, por todo que lo pudimos ver. Amanecio sin lluvia, pero con un frío y viento heladores. Dejamos Laugarvatn, tras un gran desayuno en el hostel, para dirigirnos al primer punto del día: Geysir.

La verdad es que en Islandia muchas veces se tiene la sensación de estar caminando sobre la lava, y es por sitios como estos, en los que se filtra el agua hirviendo de la tierra con tanta fuerza. En esta zona de aguas termales, nos impresiono sobre todo por el geiser conocido como Strokkur. ¡Eso es escupir agua! Se trata de un geiser que se activa cada 5-10 minutos y lanza un potente chorro de agua que llega a los 20 metros de altura. Y ahí estabamos todos los turistas, cámara en mano, quietos y casi congelados, esperando para verlo en acción, hasta que ocurrió. Podéis verlo en el siguiente video:

[youtube http://www.youtube.com/watch?v=iVK2alaS4KA?hl=es&fs=1]

Y tras este espectáculo, volvimos a la carretera, nos aguardaba una de las cascadas más espectaculares de Islandia: Gulfoss. Para imaginarse la cantidad de agua y la fuerza con la que cae, basta decir que nos fuimos mojando desde que aparcamos (el aparcamiento estaba a unos 400 metros), y no por la lluvia, sino por la nube de agua que surgía de la cascada. Tuve que sacar el buff para ir secando continuamente la viodecámara. Pero merece la pena mojarse un poco. Te puedes acercar a un metro de distancia, y observar la doble caída en primera fila.

Gullfoss

Tocaba carretera de nuevo. Siguiendo las indicaciones de la ruta propuesta por la asociación de hostels de Islandia, por el camino nos teníamos de detener en un lugar llamado Skálholt, una especie de granja, además de centro religioso y educacional. Lo más destacado era la historia del lugar, que durante siglos fue un importante centro cultural y político. Sobre el papel, no era un sitio ni turístico ni masificado, pero nos sucedieron un par de anécdotas bastante curiosas. Las dos, cuando visitamos su catedral.

Nada más entrar por la puerta, nos dimos cuenta de cuan diferente es este país. En la entrada vendían postales y recuerdos, y no había nadie atendiendo. Solamente un cartel que decía: Si coges algo, deja el dinero encima de la mesa. No hace falta comentar nada, se lo que estáis pensando. Unos turistas alemanes que justo salian nos recomendaron visitar la cripta, ya que había una exposición. Y tras dejar el dinero de la entrada en una hucha, bajamos unas escaleras y nos plantamos en las entrañas de la catedral. Alucinante, un país en el que confían en las personas, sin picaresca.

Y en el subsuelo nos pasó la segunda anécdota. Visitando la exposición de lápidas antiguas, vimos que había un pasadizo que salía al exterior, sin tener que volver a subir a la catedral. Me imagino que sería una antigua vía de escape. Abrimos la puerta y vimos un tunel de piedra mal iluminado. Al fondo, la puerta de salida. Nada más adentrarnos, se cerró la puerta, y entonces descubrimos que solo podía abrirse desde el exterior. Entonces es cuando piensas, joder, ya se puede abrir la otra puerta. Y ya alucinas cuando empujas la puerta de salida y no se abre. Jeje. Con la poca luz que había no había visto la manilla y su mecanismo. A la segunda la abrí sin problemas, pero Esti ya se había puesto un poco nerviosa. La verdad es que si no llega a abrirse, nos hubieramos estado un buen rato ahí dentro, hasta que otros turistas volvieran a entrar, ya que obviamente no había ni una raya de cobertura. La típica anécdota de la que te ríes, pero una vez descubres que no ha pasado nada, por suerte.

Unos horas después, y tras parar a comer en Hella, descubrimos una cascada junto a la carretera, Seljalandsfoss, de la que no teníamos constancia, al no haber visto nada ni en libros ni en webs. No era la más alta, ni la que más agua movía, pero era seguramente la más especial: había un sendero por el que te adentrabas en el interior de la cascada, incluso podías bajar y tocar el agua. El camino rodeaba la caída de agua y volvías al mismo punto. Lo mas importante: llevar un buen chubasquero, porque sino te podías calar hasta los huesos.

Vista desde fuera
Vista desde dentro

Y si no habíamos tenido suficiente con Gulfoss y Seljalandsfoss, todavía nos quedaba una tercera cascada por visitar: Skogarfoss. Ya os habréis dado cuenta de que todos los nombres de las cascadas terminan con la palabra en foss, ¿por que será?

Esti con Skogarfoss de fondo

Skogar era la última parada del día, ya que el hostel estaba practicamente al lado de la cascada, la podíamos ver con solo asomarnos por la ventana. Con 60 metros de caída, impresionaba aún más a medida que te acercabas. En la parte derecha, había una empinada escalera que subía casí en vertical, y que te dejaba muy cerca del río. Vaya vistas, ¡y que altura! Desde abajo parecía alta, pero desde arriba, una pasada. A unos pocos metros de la cascada había un lugar de acampada y un par de tiendas instaladas, la verdad es que había que tener valor para atreverse a dormir en una tienda con el tiempo que había. En ese momento estaba lloviendo, haciendo bastante viento, y del frío, no voy a repetir lo mismo, no hace falta más que ver como va vestida Esti en la foto.

Para terminar el día, nos hicimos una sopa de sobre para entrar en calor y unas verduras congeladas salteadas. Más sano imposible.

Islandia. Día 1. Keflavik – Laugarvatn

Islandia. Día 1. Keflavik – Laugarvatn

El avión de los Iron Maiden

Nuestro primer despertar en islandia fue tal como esperabamos: con lluvia, frio y viento. El tiempo no era bueno esos días en la isla. Al parecer, el huracan Irene también había hecho de las suyas por esos lares. Tras desayunar, nos acercaron al aeropuerto, ya que teniamos que recoger el coche de alquiler, y nos llevamos la primera sorpresa del viaje, al encontrarnos aparcado el avión de los Iron Maiden. ¡Casi nada! En ese momento pense que igual tocaban en la isla, pero unos días después descubri que Bruce Dickinson es piloto ocasional de Iceland Express, la compañía con la que viajamos. Y no, no fue nuestro piloto.

Ya con el volante en las manos, y con un Polo nuevito, iniciamos el Ring Road sentido sur, queríamos recorrer la península de Reykjanes por la costa sur, ya que ibamos a dejar la capital Reyjkavik (al norte de la península) para el final del viaje. Nuestra primera parada fue en uno de los lugares más fotografiados de Islandia, y unos de los iconos del país: el Blue Lagoon.

Espectacular foto (no nuestra) de la laguna

La Laguna Azul es un complejo de baños termales al aire libre, espectacular sobre todo por el azul intenso de su agua, realzado aún más por el terreno volcánico que lo rodea. Nuestra primera intención era darnos un bañito en esas cálidas aguas, pero nos pudo la lluvia. Pase que con 10 grados te animes a meterte en un agua que está a 38 grados, pero la lluvia nos chafo los planes. De todas maneras, pudimos dar un paseo por las lagunas exteriores, que son igual de bonitas, pero que no tienen agua caliente.

Vista de Seltun desde su zona más alta

Siguiendo la carretera del sur, nos encontramos con los primeros pueblos costeros, que nos sirvio de toma de contacto con la realidad islandesa. Asimismo, descubrimos los primeros tramos de grava en la carretera, kilometros y kilometros conduciendo por un entorno volcánico, entre la niebla, y con el ruido de la grava bajo las ruedas como banda sonora. Curva a curva, recta a recta, nos detuvimos en el área geotermal de Seltun. Bajo la lluvia, recorrimos los pozos de agua hirviendo, ‘deleitándonos’ con el intenso olor que desprendían. ¡Que mareo y que mala gana!

Tras parar a comer en un italiano (pedazo pizza que nos pusieron), reemprendimos la ruta con dirección a Pingvellir, uno de los lugares más emblemáticos de Islandia.

Caminando entre muros

Impresiona el entorno en sí. Junto a uno de los mayores lagos de la isla, se puede pasear entre muros de piedra, creados por las dos fallas que dividen el entorno, y entre esas paredes de piedra, te puedes encontrar preciosas cascadas. Además del valor paisagístico y natural, este lugar es una referencia ineludible en la historia de Islandia: en el año 930, se reunió en este enclave el primer parlamento islandes. Casi nada. Y aquí hablan de democracia, ja.

Unos paseos y unos paisajes más tarde, ya solo nos quedaba llegar a nuestro primer hostel del día, el de Laugarvatn. Estaba a unos pocos kilómetros, por lo que llegabamos con tiempo para ver algo del pueblo. Al llegar a la recepción, nos comentaron que en el pueblo había un centro de baños termales, por lo que nos animamos a darnos un chapuzon. Más, teniendo en cuenta que nos habíamos quedado sin bañarnos en el Blue Lagoon. Seguía haciendo frío, pero por suerte había dejado de llover. Así que, con el bañador y toalla en la mochila, nos fuimos al centro Fontana.

Foto sacada desde el agua

Disponía de varias piscinas, todas al aire libre, cada una con una temperatura distinta, entre los 36 y 44 grados. Que gran sensación: tumbado en la piscina, disfrutando de las vistas al lago, con el calorcito, entre la bruma… eso es via. Eso sí, ¡vaya contraste al salir del agua! afuera haría unos 8-10 grados.

Islandia 2011. Prólogo

Islandia 2011. Prólogo

Islandia es un país de contrastes. Tras recorrer la isla siguiendo el conocido Ring Road, hemos podido observar todo tipo de paisajes, personas y de ambientes. Desde la Islandia rural, hasta la cosmopolita Reykjavik, el país deja un sabor de boca para todos los gustos. En las siguientes entradas intentaré resumir de la mejor manera posible las experiencias que hemos vivido en este viaje.

Recorrido que hicimos en Islandia

El recorrido lo realizamos en 10 días, con la intención de no perdernos nada de nada, pero al final nos dejamos algunas cosas por ver, sobre todo porque no podíamos adentrarnos en las carreteras de montaña, para lo que era obligatorio conducir un todoterreno. Nuestra idea era hacer un recorrido circular por la isla, el conocido como Ring Road, que atraviesa la isla por la costa mayormente, y que siguiendo la carretera nº 1 pasa cerca de los mayores puntos de interes del país. Para poder hacer esta ruta, es imprescindible disponer de un coche, todoterreno, autocaravana o bici. Si se hace en transporte público, pierdes mucho tiempo y es imposible llegar a todos los puntos interesantes.

Teníamos reservados todos los alojamientos, por lo que fuimos parando cada día en un hostel distinto. Tras la experiendia que hemos vivido, creo que es la manera más recomendable de alojarse en Islandia: los hostels están muy bien preparados, son económicos, y sobre todo, tienen cocina. En las zonas aisladas o en los pueblos pequeños, es difícil encontrar un sitio para cenar, por lo que se convierte casi en la única forma de llenar la panza. Más de una noche intentamos cenar fuera y tuvimos que volver al hostel a hacernos la cena.

En Hverir

Salimos de Loiu, y tras hacer escala en Londres, llegamos al aeropuerto de Keflavik a la 1 de la madrugada (hora local). Los vuelos fueron sin  problemas, y a pesar de mi fobia a volar, consegui salir del paso mejor de lo esperado. Hora y media hasta Londres, y otras tres horas hasta Keflavik. No estuvo mal. Pasamos la noche en el Hotel Alex, junto al aeropuerto. Limpio, sencillo, económico, y sobre todo, con servicio de recogida en la terminal, llegases a la hora que llegases.