Etapa 2. Haro – Tardajos. 110 km
Si la primera etapa la podemos considerar como toma de contacto, la segunda ha sido de adaptación al terreno. Trás rodar placidamente por carreteras comarcales, tocaba por fin hincarle el diente a la pista riojana. La comodidad se torna en dolor de culo por las piedras, del traqueteo martilleante de las pronunciadas bajadas, y como no, en dolor de riñon por las cuestas interminables. Pero el camino es eso. Una prueba a las fuerzas, y no solo físicas, sino de la cabeza: cuando el dolor aprieta o las piernas flaquean, tener la voluntad para sobreponerse. Dar siempre un poco más de lo crees que tienes. Y por esas pistas, rodando entre viñedos, llegamos hasta Santo Domingo, por fin en el camino francés. En esta localidad estuvimos hablando con un peregrino brasileño, de Río de Janeiro concretamente. Nos dio tiempo a hablar un rato de fútbol, de Romario sobre todo. Saliendo ya de Santo Domingo, y por delante, nos aguardaba una subida tendida pero constante hasta los 1100 metros del puerto de la Grajera. Hasta llegar a ese punto tocaba sortear infinidad de repechos, atravesando asimismo pequeños pueblos. Es increible ver la Rioja tan verde, todo un placer rodar por sus campos.

Tras unas horas de pedal, tocaba repostar la maquina, y que mejor que un plato de espaguetis con tomate y chorizo, energía pura. Belorado fue el lugar elegido. Asi ya estaba en condiciones de atacar el puerto. Con lorenzo apretando de lo lindo, volviamos al camino, y en una hora nos encontrabamos a los pies del puerto, dispuestos a darlo todo. Y tuvimos que hacerlo. Nada más arrancar, a 200 metros, tocaba echar pie a tierra y empujar la burra, imposible subir de pie por ese terreno. Por suerte duró poco y pudimos montar de nuevo. No se que fue mejor, nos aguardaba un repechon de al menos el 8%, si no era más. A sufrir. Poco a poco el terreno se fue suavizando y se hizo una subida más llevadera. Costó, pero por fin coronabamos. Supuestamente era casi todo bajada hasta Burgos. De camino nos detuvimos en el monasterio San Juan de Ortega a tomar una cocacola. Y en poco pasabamos por Atapuerca, pena no tener unas horas para visitarlo. A las 7 de la tarde ya nos encontrabamos en Burgos capital. Y cada vez que el camino cruza una ciudad, el peregrino tiene que armarse de paciencia. Casi una hora nos costo llegar a la catedral. Al menos la salida de la ciudad fue rápida. Nos plantamos en Tardajos a las 20:30, tras 7 horas de pedaleo para hacer 110 km, casi todos por pista. Lo mejos es que no estamos muy cansados, sino no estaría escribiendo estas palabras en el blog. En Tardajos nos encontramos con uno de los hospitaleros más majos que hasta ahora hemos tenido. Pablo, un joven de Madrid que nos trato a las mil maravillas, incluso desayunamos con el, torrijas caseras concretamente.
