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Etapa 1. Laudio – Haro. 85 km

Etapa 1. Laudio – Haro. 85 km

Partimos de Laudio a las 11 de la mañana, cuando el sol empezaba a calentar el ambiente, ya de por si animado por la huelga. Teniamos como objetivo llegar al menos hasta Haro, y casi no lo conseguimos, pero bueno, mejor no me adelanto, todo a su debido tiempo. La primera parte de la etapa ha transcurrido de fábula: tras llegar a Orduña, la subida a la barrerilla ha ido muchisimimo mejor de lo esperado, con fuerza y a un ritmo constate. Pensaba que estaba en peor forma que en agosto, pero todo lo contrario. A eso de las 3 de la tarde, en el km 55, tocaba parar para comer. Nada mejor que un bocadillo cardinale en Pobes. En el único bar abierto del pueblo, aprovechamos para repostar con un jugoso bocadillo de tortilla, segun el dueño, todos sus bocatas eran de cardinale. No se si lo decía en sentido eclesiastico o por Claudia.

El bocadillo cardinale de Pobes

Indiferentemente de esto último, parece ser que el tio no puso todos los huevos en la tortilla, ya que me salio uno en la rueda. Y cuando digo huevo no exagero. Aún no me explico como pudo salir. Tras deshinchar un poco la rueda, al menos pude seguir, pero con la cubierta rozando la bici. Era cuestión de tiempo que cascara, pero habia que continuar, necesitaba una cubierta con urgencia, y el único sitio cercano era Miranda de Ebro. Asi que tuvimos que desviarnos del plan inicial, y seguir dirección Miranda, en paralelo a la autopista, en vez de conectar con el camino del interior en La Puebla. No tardo mucho en chafarse el invento, en Igay, a 10 km de Miranda, la rueda dijo basta y adios. ¡Menudo reventon! El globero de nuevo con problemas técnicos, y esta vez serios. ¿Como podria salir de esta? Gracias a que Jon tenía internet en el móvil, contactamos con una tienda de bicis de Miranda. Estaba abierta.

El asunto era como llegar a la tienda con la cubierta echa trizas y estando a 10 km. Por suerte, en el banco donde nos sentamos había una pegatina con el teléfono del taxista de la zona. Algún día contare la historia de nuestro amigo el taxista, menudo figura. En unos minutos estabamos en la tienda, Jon en bici y el globero en el taxi. Casualidades de la vida, el señor de la tienda había sido ciclista profesional, ¡y había corrido en la Ciclista Llodiana alla por el año 68! Nos tiramos un rato con él de cháchara, contando batallitas. Un placer encontrarse gente así por el mundo. Encima había trabajado en el peaje de Areta, incluso en Guardian. Si alguna vez paráis en Miranda, no dejéis de visitar Ciclos Cauvilla. Con la bici casi como nueva, ya solo nos quedaba arrancar para Haro. En una hora estabamos en la puerta del albergue, y en un rato duchados y dispuestos a cenar y ver el partido del Athletic. Una vez más tuvimos que hacer recena, ya que el filete que nos pedimos era minúsculo. Menos mal que en el bar de al lado había pincho pote, y engañamos un poco al estomago. Victoria de los leones y a sobarla. El primer día había dado para mucho.

Albergue de Haro
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