fbpx

Navegando por
Autor: Pagazauskas

Islandia. Día 5. Berunes – Husey

Islandia. Día 5. Berunes – Husey

Un día tranquilo. De transición. Tras todas las cosas visitadas en los últimos días, se agradece bajar un poco el ritmo. El día anterior llegamos a Berunes de noche, así que aprovechamos para hacer unas fotos del entorno del hostel.

Granja del Berunes Hostel

Reemprendimos la ruta por la carretera nº1, nos aguardaban otra buena cantidad de kilómetros. Al igual que el día anterior, transitamos por carreteras aisladas, con unas pocas granjas a la vista. Dejamos la costa para digirnos hacia el interior, paulatinamente, el tiempo fue mejorando. Como se ve en la foto, las nubes se encontraban alojadas en los montes costeros, y al parecer, no había manera de librarse de las mismas.

A media mañana pasamos por una de las carreteras más precarias por las que circulamos en todo el viaje. Y aprovecho para recordar, si no lo he hecho antes, que las carreteras islandesas no son aptas para conductores miedosos. Como detalle, cuando alquilamos el coche nos ofrecieron un seguro por impacto de grava, encima, intentaron vendernos otro seguro antivuelco. Los cambios de rasante son comunes. En los mismos, conviene aminorar la velocidad si no quieres salir volando. Respecto a la grava, un amplio porcentaje de carreteras, una vez que sales de la principal, son de piedra suelta, por lo que es normal que ofrezcan un seguro. Me imagino que con su metereologia invernal será imposible mantener un asfalto en condiciones.

Volviendo a lo que estaba contando, estabamos atravesando una zona montañosa, por el entorno de Stefansbud. La carretera, pasó de la grava a la tierra justo en el punto más alto del puerto, cuando más pendiente tenían las cuestas. Todo esto sin quitamiedos ni ningún tipo de barrera. Pasamos sin problemas, pero no quiero ni pensar como tiene que ser ese paso en invierno, con toda la carretera nevada y con hielo. Y esta era la carretera principal.

Escultura en un río cercano a Lagarfljot

Una vez atravesado el entorno de Stefansbud, fuimos descendiendo poco a poco, disfrutando de los paisajes, rodando junto a lagos y ríos. Fue pasar las montañas y cambiar el tiempo de manera milagrosa. Olvidada la lluvia y la niebla, volvimos a ver el sol, después de casi dos días. El paisaje parecia distinto, el color verde, de otra tonalidad. El lago Lagarfljot reflejaba las montañas en sus 25 kilómetros de longitud.

La mañana pasó tranquila, y paramos en Egilsstadir para comer, como no, en la gasolinera del pueblo. En este caso, el pueblo era grande, incluso tenía aeropuerto para vuelos internos. En consonancia, la gasolinera también lo era. Al ser domingo, muchos islandeses salieron a comer fuera de casa, por lo que había bastante gente, y pudimos ver las porquerías que comían. ¿Verduras? Ni por asomo. ¿Ensaladas? Una y gracias. ¿Pizzas, patadas, kebab y hamburgesas? Todas las posibles y más.

Por la tarde llegamos a la granja y hostel de Husey. Tras 30 kilómetros en una carretera de piedra suelta, encontramos la granja, junto una espectacular bahía, rodeada de montañas nevadas. Llegamos con tiempo de sobra, sobre las 5 de la tarde, por lo que dimos un paseo por el entorno, con la idea de ver focas. Nos alejamos de la granja y cogimos una pista, que supuestamente nos llevaría a la zona en la que se encontraban las focas. En la entrada se podía leer con claridad entre otras cosas, que recomendaban llevar un palo para defenderse del ‘great skua’. No especificaban que tipo de animal se trataba, por lo que decidi coger una pequeña estaca que había junto al camino, por precaución. Sobre el mapa de la zona pudimos ver que había una primera ruta de unos 4 kilómetros, y una segunda de más de 10. Empezamos a caminar, y poco a poco la niebla se nos fue echando encima. Tendríamos una visibilidad de 1o metros, por lo que no había problemas para seguir la pista. El viento era helador, por lo que nos tapamos todo lo posible y anduvimos un poco más ligeros, pensando en entrar en calor.

Media hora después, la niebla se disipo, e incluso salió un poco el sol. A todo esto, llevaba notando un buen rato que había un pajaro volando en círculo sobre nosotros y soltando graznidos. Levante el palo y lo agite en el aire para espantarlo. Obviamente, no se nos ocurrió pensar que nos iba a atacar, ni que podía tratarse del great skua, por lo que fuimos buena parte del camino pensando que tipo de animal podría ser el great skua. Después descubrimos que si que era el pajaro que nos rondaba. Si no hubiera agitado el palo, seguramente nos habría atacado.

Llegamos a orilla del río deseosos de encontrarnos las famosas focas. Leimos por internet que en esta ziona existía una importante colonia de focas, y que seguramente podríamos verlas. Nuestro gozo en un pozo. Tras darnos unos cuantos paseos por la orilla, y dejarnos la vista oteando el horizonte, decidimos volver, allí no había ninguna foca. La verdad es que estabamos ilusionados, y nos llevamos un chasco, pero sabíamos que no sería nuestra última oportunidad.

Islandia. Día 4. Hvoll – Berunes

Islandia. Día 4. Hvoll – Berunes

El hostel de Hvoll fue seguramente el mejor de todos los que estuvimos. Más que un hostel, parecía un hotel. Como detalle, tenía 3 cocinas, por lo que no había que esperar a nadie para hacerse la cena. El entorno, tampoco tenía desperdicio. Aislados, y rodeados de ríos, lagunas, montañas… En el hostel coincidimos con una chica de Guadalajara, que llevaba trabajando todo el verano en Islandia. Por lo que nos comentó, había hecho un verano malisimo y casi no habían visto el sol.

Svartifoss y sus columnas de basalto

Ese mañana volvíamos a Skaftafell, nos quedaba alguna cosa por ver en la zona. De paso, llevamos a la chica de Guadalajara y a una amiga alemana al parque, ya que allí iban a coger el autobus de linea.

Hasta ese momento, solo nos habíamos movido por el área de la entrada, ya que debido a sus dimensiones, haría falta unos cuantos días para verlo entero. Por eso, decidimos ver el glaciar, y una de sus cascadas: Svartifoss. Para llegar hasta la cascada, realizamos un pequeño trekking de una hora, casi todo cuesta arriba. Pero merecio la pena. Las columnas de basalto, con su color negro, daban un aspecto increible al entorno. Por suerte, el tiempo nos respeto tanto a la ida como a la vuelta. Algunas gotas, pero nada comparado con lo del día anterior. Una vez reemprendimos la ruta, el tiempo cambió bruscamente. Otra vez. Lluvia, viento y frío. Lo normal en Islandia.

En esa tesitura, llegamos al lago glaciar de Jökulsárlón. Un lago plagado de icebergs, entre los que ibamos a navegar en un buque anfibio. Nos acercamos a la cafetería del lugar, y tras sacar los billetes, nos tomamos un chocolate. Estaba lloviendo a mares, y estando pegados a los bloques de hielo, podéis imaginaros que calor precisamente no hacía. En la misma cafetería coincidimos con un cicloturista, ¡en pantalón corto!, que estaba tomando algo para entrar en calor. Increible. Eso si que es mérito.

Anfibio de Jökulsárlón

Mientras esperabamos a que saliera el barco, nos compramos unos ponchos cutres en la tienda de souvenirs, en vista de que no paraba, y que teníamos que estar media hora en el barco, y bajo la lluvia. En ese momento llegaban dos japonesas, con ropa de primavera, que cuando nos vieron con los ponchos, y se los compraron ellas también. La diferencia es que nosotros llevabamos chaqueta, forro y térmica debajo del poncho, gorro de lana, guantes, etc., como se ve en la foto, iba embutido cual longaniza. En cambio, ellas iban con una chaqueta fina, y creo que no llevaban ni guantes.

Los barcos, o mejor llamarlos anfibios, eran una mezcla de barco y todoterreno. Nos llevaron sentados en el trayecto de tierra, y una vez navegando en el agua, ya podíamos levantarnos. Casi mejor, porque nos mojamos todo el culo en el banco de madera.

Iceberg en Jökulsárlón

El anfibio se iba acercando poco a poco a la zona del glaciar. Y todos sacando fotos como locos. La pena fue que la espesa niebla nos impidió verlo en toda su extensión. De todos modos, estabamos navegando entre los tempanos de hielo que se iban desprendiendo del glaciar, casi nada. Como parte de la visita, recogieron un trozo de hielo y nos dieron a probar pequeños cachitos, la verdad es que fue curioso. Pero más curioso fue ver a la guía coger un bloque de hielo de medio metro con las manos desnudas. Para echarse a temblar.

La anécdota, que siempre hay alguna, la protagonizaron una joven pareja, creemos que de algún país nórdico. Los muy bestias, llevaron en el barco a un bebe de meses, cuando podíamos estar a 0 o 2 grados tranquilamente. Pero lo peor no fue eso, sino que lo llevaban con un buzo fino de narices. El pobre empezó a berrear cuando llevabamos un rato, y como no paraba, tuvieron que meterlo en la cabina del capitan (que estaba abierta) para que se le pasara un poco. Y allí iba el capitan, con el volante en una mano y con el niño en la otra.  El padre, lo rodeaba con su chaqueta para darle calor. Inconscientes.

El mal tiempo continuo durante el resto del día. Parte de la jornada la pasamos montados en el coche, y no solo porque hiciera malo, sino porque nos quedaban bastantes kilómetros para llegar al siguiente hostel. A mitad de camino, paramos en la localidad de Hofn, para comer y hacer algunas compras en el supermercado. Hofn es un pueblo costero, y como tal, vive sobre todo de la pesca. Fue precisamente en el puerto, en un pequeño grill, donde degustamos uno de los bocadillos más lujosos que probaremos nunca: el bocadillo de langosta. ¿Alguien podía imaginar que esas dos palabras son compatibles? ¿Bocadillo+langosta? Obviamente, esta muy muy bueno, y al cambio costaba unos 8 euros. Hafnarbúðin se llamaba el sitio.

El día no dio para mucho más. El resto del viaje hasta el hostel fue duro. Entre el mal tiempo, que estaba bastante oscuro, y que no había mucho para ver por la zona, fuimos haciendo los kilómetros sin prisa pero sin  pausa. Solo paraba de vez en cuando para grabar un poco el paisaje. Circulabamos junto al mar, y era muy bonito, una pena que la niebla estuviera metida en las montañas y acantilados.

Litera de la habitación, y no era de Ikea

Y por fin, cuando estaba casi de noche, llegamos al hostel de Berunes. Se trataba de una antigua casa, tipica islandesa, de madera, que habían conservado tal cual. La familia se había mudado a una casa nueva, justo al lado, y habían abierto el hostel sin hacer ningún cambio ni reforma. Eso no significa que no fuera ni cómodo ni limpio, ya que estaba impoluto y teniamos todas las comodidades. Esa noche, compartimos el hostel con una familia alemana, con los coincidiriamos las siguientes noches.

Islandia. Día 3. Skogar – Hvoll

Islandia. Día 3. Skogar – Hvoll

Si el segundo día de ruta se puede considerar el de las cascadas, el tercero lo podemos declarar como el días de los glaciares. Resulta curioso que escriba tan alegramente sobre estos fenómenos naturales, como si fuera lo más normal del mundo. Y es que un viaje de este tipo te puede cambiar radicalmente la forma de apreciar las cosas: una vez vistas tantas maravillas de la naturaleza, lo que en los primeros días era un asombro constante, en los últimos por ejemplo llegaba a convertirse en una cascada más, como si estuvieramos habituados a verlas en nuestro día a día. Es cuando vuelves a tu entorno, cuando despiertas y aprecias realmente lo vivido.

Y tras esta chapa, vuelvo al relato y a contaros como fue el tercer día. Salimos de Skogar sobre las 9, y en unos pocos minutos nos dirigimos hacia nuestro primer destino del día: el glaciar de Solheimajokull. Abandonamos la carretera, y nos metidos por una pista en muy mal estado, por la que tuve que conducir esquivando charcos, piedras, boquetes… y ovejas, hasta llegar a un aparcamiento. Teníamos el glaciar a la vista, a unos 1o minutos andando. No hace falta decir que el entorno era increible. Parecía que estabamos en la luna.

Glaciar Sólheimajökull

A medida que nos acercabamos veíamos con más detalle la lengua del glaciar. El frío era intenso. Siguiendo el curso de uno de los ríos que nacía en ese punto, llegamos incluso a tocar el hielo. Recomendaban no caminar sobre el hielo por precaución, no fuera a desprenderse algún tempano. Eso sí, había la posibilidad de hacer una ruta acompañado de un guía y con el material apropiado. Sólheimajökull es solo una de las lenguas de un inmenso glaciar, el Mýrdalsjökull (con una extensión de 600 km cuadrados), pero tenía 8 km de largo y 1 km de ancho.

Tocaba volver a la carretera, y si hasta ese momento habíamos tenido suerte con el tiempo, y vimos el glaciar solo acompañados del frío, en unos pocos minutos hubo un cambio radical: empezo a llover a mares. Hasta ese momento habíamos ido paralelos a la costa, a unos 2 km, pero la carretera 1 iba acercándose cada vez más al mar. Por consiguiente, el viento era cada vez más violento. Durante un par de horas, fuimos siguiendo la ruta y conduciendo con precaución. Pasamos casi sin detenernos en los dos siguientes paradas: Dyrhólaey y Dyrhólaey. Las dos se encontraban enclavadas en una península espectacular. Pudimos apreciar las vistas desde el coche, incluso en algún punto llegue a salir para grabar un poco, pero era un infierno: ni se podía grabar, ni se podía estar mucho tiempo a la intemperie. En esa tesitura, y tras atravesar un paso de montaña, llegamos al pueblo de Vik.

La playa de Vik, la única que pisamos

Con sus 300 habitantes, Vik es uno de los mayores nucleos habitados del entorno, este dato os puede servir para haceros una idea del modo de vida islandes.  Aprovechamos para hechar gasolina al coche y tomarnos un cafe en el grill de la gasolinera. En Islandia, las gasolineras son en muchas ocasiones el único sitio en el que tomar o comer algo. Todas tienen su supermercado y su grill, por lo que en muchos pueblos, en los que no hay ningún servicio más, son el punto de encuentro de los vecinos. En nuestro caso, nos salvaron el culo en más de una ocasión. Soliamos hacernos la cena en el hostel, pero para comer era difícil encontrar un restaurante, por lo que mucho días tiramos de grill, y gracias a que estaban.

Cañón en Kirkjubæjarklaustur

Precisamente, ese día comimos en la gasolinera de Kirkjubæjarklaustur. Antes de llegar a ese pueblo, atravesamos un desierto de unos 40 kilometros en los que no vimos ni rastro de civilización. A lo sumo, algo de ganado, pero poco. No era un desierto de arena precisamente, sino de piedras volcánicas, y de color verde, ya que estaban forradas de musgo. Antes de llegar al pueblo, nos desviamos por una pista, que se supone llegaba a algún sitio de interés,  así fue como descubrimos el cañón de la foto. Creo que tenía 3 o 4 km de largo.

Granja Nupsstadur

Ya por la tarde, visitamos la granja abandonada de Nupsstadur. Los descendiendentes de los últimos granjeros, decidieron dejar las casas tal y como estaban cuando su último habitante murió. Paseando entre las casas, se podía apreciar la curiosa forma de construir que tenían, usando la turba, hoy en día en desuso. Con sus tejados cubiertos de tierra y hierba, y sus anchos muros, de al menos medio metro. En la última casa habitada, había un cartel con las fotos y la biografía de dos hermanos, sus últimos habitantes, que fueron enterrados en el cementerio de la granja. Descubrimos sus lápidas visitando la curiosa iglesia de la granja.

El tiempo mejoro por la tarde, al menos ya no estaba lloviendo, así que como andabamos bien de tiempo, decidimos aprovechar y adelantar una de las visitas del día siguiente: el parque natural de Skaftafell. Mientras nos acercabamos al lugar, fuimos circulando en paralelo a uno de sus glaciares. Si el que visitamos por la mañana, Solheimajokull, nos pareció grande, lo de Skaftafell no tenía nombre. En este punto, hicimos uno de nuestros primeros rallyes ‘off-road’. Siguiendo las indicaciones de un cartel que indicaba un punto de interés, nos salimos de la carretera para meternos en una pista que atravesaba un entorno volcánico. Parecía que nos dirigiamos al glaciar, pero inesperadamente, nos encontramos en una pista de arena, en la que las ruedas del coche se iban hundiendo, todo esto escuchando como los bajos rozaban con la arena. Seguimos unos cien metros, pensando que aquel camino tenía que llevar a algún lado, pero tras intentar subir una cuesta, hundir las ruedas y darle un buen acelerón para salir marcha atras, decidimos largarnos por donde habíamos venido. Todo esto, con Esti echándome la bronca por meterme por meterme por ese camino.

Restos del antiguo puente

En esta zona de glaciares, la carretera 1 atraviesa ríos continuamente, algunos de los cuales suelen tener crecidas espectaculares. Unos pocos años antes, uno de esos puentes fue arrasado por la fuerza del caudal. Durante el tiempo de reconstrucción, los coches tuvieron que atravesar el río mediante barcazas. Hay que tener en cuenta que la carretera 1 es la única forma de moverse por la isla. En la foto se puede ver como quedo el puente, habían dejado este amasijo de hierro como recuerdo.

Para terminar el día visitamos parte del parque Skaftafell, concretamente, unos de sus glaciares. Mucho mayor que el visitamos por la mañana, no pudimos acercarnos todo lo que quisimos, ya que empezó a llover con insistencia y tuvimos que darnos la vuelta.

Islandia. Día 2. Laugarvatn – Skogar

Islandia. Día 2. Laugarvatn – Skogar

Segundo día en Islandia. Con la perspectiva de todo viaje en la retina, puedo decir que fue uno de los más completos, por todo que lo pudimos ver. Amanecio sin lluvia, pero con un frío y viento heladores. Dejamos Laugarvatn, tras un gran desayuno en el hostel, para dirigirnos al primer punto del día: Geysir.

La verdad es que en Islandia muchas veces se tiene la sensación de estar caminando sobre la lava, y es por sitios como estos, en los que se filtra el agua hirviendo de la tierra con tanta fuerza. En esta zona de aguas termales, nos impresiono sobre todo por el geiser conocido como Strokkur. ¡Eso es escupir agua! Se trata de un geiser que se activa cada 5-10 minutos y lanza un potente chorro de agua que llega a los 20 metros de altura. Y ahí estabamos todos los turistas, cámara en mano, quietos y casi congelados, esperando para verlo en acción, hasta que ocurrió. Podéis verlo en el siguiente video:

[youtube http://www.youtube.com/watch?v=iVK2alaS4KA?hl=es&fs=1]

Y tras este espectáculo, volvimos a la carretera, nos aguardaba una de las cascadas más espectaculares de Islandia: Gulfoss. Para imaginarse la cantidad de agua y la fuerza con la que cae, basta decir que nos fuimos mojando desde que aparcamos (el aparcamiento estaba a unos 400 metros), y no por la lluvia, sino por la nube de agua que surgía de la cascada. Tuve que sacar el buff para ir secando continuamente la viodecámara. Pero merece la pena mojarse un poco. Te puedes acercar a un metro de distancia, y observar la doble caída en primera fila.

Gullfoss

Tocaba carretera de nuevo. Siguiendo las indicaciones de la ruta propuesta por la asociación de hostels de Islandia, por el camino nos teníamos de detener en un lugar llamado Skálholt, una especie de granja, además de centro religioso y educacional. Lo más destacado era la historia del lugar, que durante siglos fue un importante centro cultural y político. Sobre el papel, no era un sitio ni turístico ni masificado, pero nos sucedieron un par de anécdotas bastante curiosas. Las dos, cuando visitamos su catedral.

Nada más entrar por la puerta, nos dimos cuenta de cuan diferente es este país. En la entrada vendían postales y recuerdos, y no había nadie atendiendo. Solamente un cartel que decía: Si coges algo, deja el dinero encima de la mesa. No hace falta comentar nada, se lo que estáis pensando. Unos turistas alemanes que justo salian nos recomendaron visitar la cripta, ya que había una exposición. Y tras dejar el dinero de la entrada en una hucha, bajamos unas escaleras y nos plantamos en las entrañas de la catedral. Alucinante, un país en el que confían en las personas, sin picaresca.

Y en el subsuelo nos pasó la segunda anécdota. Visitando la exposición de lápidas antiguas, vimos que había un pasadizo que salía al exterior, sin tener que volver a subir a la catedral. Me imagino que sería una antigua vía de escape. Abrimos la puerta y vimos un tunel de piedra mal iluminado. Al fondo, la puerta de salida. Nada más adentrarnos, se cerró la puerta, y entonces descubrimos que solo podía abrirse desde el exterior. Entonces es cuando piensas, joder, ya se puede abrir la otra puerta. Y ya alucinas cuando empujas la puerta de salida y no se abre. Jeje. Con la poca luz que había no había visto la manilla y su mecanismo. A la segunda la abrí sin problemas, pero Esti ya se había puesto un poco nerviosa. La verdad es que si no llega a abrirse, nos hubieramos estado un buen rato ahí dentro, hasta que otros turistas volvieran a entrar, ya que obviamente no había ni una raya de cobertura. La típica anécdota de la que te ríes, pero una vez descubres que no ha pasado nada, por suerte.

Unos horas después, y tras parar a comer en Hella, descubrimos una cascada junto a la carretera, Seljalandsfoss, de la que no teníamos constancia, al no haber visto nada ni en libros ni en webs. No era la más alta, ni la que más agua movía, pero era seguramente la más especial: había un sendero por el que te adentrabas en el interior de la cascada, incluso podías bajar y tocar el agua. El camino rodeaba la caída de agua y volvías al mismo punto. Lo mas importante: llevar un buen chubasquero, porque sino te podías calar hasta los huesos.

Vista desde fuera
Vista desde dentro

Y si no habíamos tenido suficiente con Gulfoss y Seljalandsfoss, todavía nos quedaba una tercera cascada por visitar: Skogarfoss. Ya os habréis dado cuenta de que todos los nombres de las cascadas terminan con la palabra en foss, ¿por que será?

Esti con Skogarfoss de fondo

Skogar era la última parada del día, ya que el hostel estaba practicamente al lado de la cascada, la podíamos ver con solo asomarnos por la ventana. Con 60 metros de caída, impresionaba aún más a medida que te acercabas. En la parte derecha, había una empinada escalera que subía casí en vertical, y que te dejaba muy cerca del río. Vaya vistas, ¡y que altura! Desde abajo parecía alta, pero desde arriba, una pasada. A unos pocos metros de la cascada había un lugar de acampada y un par de tiendas instaladas, la verdad es que había que tener valor para atreverse a dormir en una tienda con el tiempo que había. En ese momento estaba lloviendo, haciendo bastante viento, y del frío, no voy a repetir lo mismo, no hace falta más que ver como va vestida Esti en la foto.

Para terminar el día, nos hicimos una sopa de sobre para entrar en calor y unas verduras congeladas salteadas. Más sano imposible.

Islandia. Día 1. Keflavik – Laugarvatn

Islandia. Día 1. Keflavik – Laugarvatn

El avión de los Iron Maiden

Nuestro primer despertar en islandia fue tal como esperabamos: con lluvia, frio y viento. El tiempo no era bueno esos días en la isla. Al parecer, el huracan Irene también había hecho de las suyas por esos lares. Tras desayunar, nos acercaron al aeropuerto, ya que teniamos que recoger el coche de alquiler, y nos llevamos la primera sorpresa del viaje, al encontrarnos aparcado el avión de los Iron Maiden. ¡Casi nada! En ese momento pense que igual tocaban en la isla, pero unos días después descubri que Bruce Dickinson es piloto ocasional de Iceland Express, la compañía con la que viajamos. Y no, no fue nuestro piloto.

Ya con el volante en las manos, y con un Polo nuevito, iniciamos el Ring Road sentido sur, queríamos recorrer la península de Reykjanes por la costa sur, ya que ibamos a dejar la capital Reyjkavik (al norte de la península) para el final del viaje. Nuestra primera parada fue en uno de los lugares más fotografiados de Islandia, y unos de los iconos del país: el Blue Lagoon.

Espectacular foto (no nuestra) de la laguna

La Laguna Azul es un complejo de baños termales al aire libre, espectacular sobre todo por el azul intenso de su agua, realzado aún más por el terreno volcánico que lo rodea. Nuestra primera intención era darnos un bañito en esas cálidas aguas, pero nos pudo la lluvia. Pase que con 10 grados te animes a meterte en un agua que está a 38 grados, pero la lluvia nos chafo los planes. De todas maneras, pudimos dar un paseo por las lagunas exteriores, que son igual de bonitas, pero que no tienen agua caliente.

Vista de Seltun desde su zona más alta

Siguiendo la carretera del sur, nos encontramos con los primeros pueblos costeros, que nos sirvio de toma de contacto con la realidad islandesa. Asimismo, descubrimos los primeros tramos de grava en la carretera, kilometros y kilometros conduciendo por un entorno volcánico, entre la niebla, y con el ruido de la grava bajo las ruedas como banda sonora. Curva a curva, recta a recta, nos detuvimos en el área geotermal de Seltun. Bajo la lluvia, recorrimos los pozos de agua hirviendo, ‘deleitándonos’ con el intenso olor que desprendían. ¡Que mareo y que mala gana!

Tras parar a comer en un italiano (pedazo pizza que nos pusieron), reemprendimos la ruta con dirección a Pingvellir, uno de los lugares más emblemáticos de Islandia.

Caminando entre muros

Impresiona el entorno en sí. Junto a uno de los mayores lagos de la isla, se puede pasear entre muros de piedra, creados por las dos fallas que dividen el entorno, y entre esas paredes de piedra, te puedes encontrar preciosas cascadas. Además del valor paisagístico y natural, este lugar es una referencia ineludible en la historia de Islandia: en el año 930, se reunió en este enclave el primer parlamento islandes. Casi nada. Y aquí hablan de democracia, ja.

Unos paseos y unos paisajes más tarde, ya solo nos quedaba llegar a nuestro primer hostel del día, el de Laugarvatn. Estaba a unos pocos kilómetros, por lo que llegabamos con tiempo para ver algo del pueblo. Al llegar a la recepción, nos comentaron que en el pueblo había un centro de baños termales, por lo que nos animamos a darnos un chapuzon. Más, teniendo en cuenta que nos habíamos quedado sin bañarnos en el Blue Lagoon. Seguía haciendo frío, pero por suerte había dejado de llover. Así que, con el bañador y toalla en la mochila, nos fuimos al centro Fontana.

Foto sacada desde el agua

Disponía de varias piscinas, todas al aire libre, cada una con una temperatura distinta, entre los 36 y 44 grados. Que gran sensación: tumbado en la piscina, disfrutando de las vistas al lago, con el calorcito, entre la bruma… eso es via. Eso sí, ¡vaya contraste al salir del agua! afuera haría unos 8-10 grados.

Islandia 2011. Prólogo

Islandia 2011. Prólogo

Islandia es un país de contrastes. Tras recorrer la isla siguiendo el conocido Ring Road, hemos podido observar todo tipo de paisajes, personas y de ambientes. Desde la Islandia rural, hasta la cosmopolita Reykjavik, el país deja un sabor de boca para todos los gustos. En las siguientes entradas intentaré resumir de la mejor manera posible las experiencias que hemos vivido en este viaje.

Recorrido que hicimos en Islandia

El recorrido lo realizamos en 10 días, con la intención de no perdernos nada de nada, pero al final nos dejamos algunas cosas por ver, sobre todo porque no podíamos adentrarnos en las carreteras de montaña, para lo que era obligatorio conducir un todoterreno. Nuestra idea era hacer un recorrido circular por la isla, el conocido como Ring Road, que atraviesa la isla por la costa mayormente, y que siguiendo la carretera nº 1 pasa cerca de los mayores puntos de interes del país. Para poder hacer esta ruta, es imprescindible disponer de un coche, todoterreno, autocaravana o bici. Si se hace en transporte público, pierdes mucho tiempo y es imposible llegar a todos los puntos interesantes.

Teníamos reservados todos los alojamientos, por lo que fuimos parando cada día en un hostel distinto. Tras la experiendia que hemos vivido, creo que es la manera más recomendable de alojarse en Islandia: los hostels están muy bien preparados, son económicos, y sobre todo, tienen cocina. En las zonas aisladas o en los pueblos pequeños, es difícil encontrar un sitio para cenar, por lo que se convierte casi en la única forma de llenar la panza. Más de una noche intentamos cenar fuera y tuvimos que volver al hostel a hacernos la cena.

En Hverir

Salimos de Loiu, y tras hacer escala en Londres, llegamos al aeropuerto de Keflavik a la 1 de la madrugada (hora local). Los vuelos fueron sin  problemas, y a pesar de mi fobia a volar, consegui salir del paso mejor de lo esperado. Hora y media hasta Londres, y otras tres horas hasta Keflavik. No estuvo mal. Pasamos la noche en el Hotel Alex, junto al aeropuerto. Limpio, sencillo, económico, y sobre todo, con servicio de recogida en la terminal, llegases a la hora que llegases.

La revolución silenciada

La revolución silenciada

Interesante artículo extraído de internet:

Recientemente nos han sorprendido los acontecimientos de Túnez que han desembocado en la huida del tirano Ben Alí, tan demócrata para occidente hasta anteayer y alumno ejemplar del FMI. Sin embargo, otra “revolución” que tiene lugar desde hace dos años ha sido convenientemente silenciada por los medios de comunicación al servicio de las plutocracias europeas. Ha ocurrido en la mismísima Europa (en el sentido geopolítico), en un país con la democracia probablemente más antigua del mundo, cuyos orígenes se remontan al año 930, y que ocupó el primer lugar en el informe de la ONU del Índice de Desarrollo Humano de 2007/2008. ¿Adivináis de qué país se trata? Estoy seguro de que la mayoría no tiene ni idea, como no la tenía yo hasta que me he enterado por casualidad (a pesar de haber estado allí en el 2009 y el 2010). Se trata de Islandia, donde se hizo dimitir a un gobierno al completo, se nacionalizaron los principales bancos, se decidió no pagar la deuda que estos han creado con Gran Bretaña y Holanda a causa de su execrable política financiera y se acaba de crear una asamblea popular para reescribir su constitución. Y todo ello de forma pacífica: a golpe de cacerola, gritos y certero lanzamiento de huevos. Esta ha sido una revolución contra el poder político-financiero neoliberal que nos ha conducido hasta la crisis actual. He aquí por qué no se han dado a conocer apenas estos hechos durante dos años o se ha informado frivolamente y de refilón: ¿Qué pasaría si el resto de ciudadanos europeos tomaran ejemplo? Y de paso confirmamos, una vez más por si todavía no estaba claro, al servicio de quién están los medios de comunicación y cómo nos restringen el derecho a la información en la plutocracia globalizada de Planeta S.A.

Esta es, brevemente, la historia de los hechos:

  • A finales de 2008, los efectos de la crisis en la economía islandesa son devastadores. En octubre se nacionaliza Landsbanki, principal banco del país. El gobierno británico congela todos los activos de su subsidiaria IceSave, con 300.000 clientes británicos y 910 millones de euros invertidos por administraciones locales y entidades públicas del Reino Unido. A Landsbanki le seguirán los otros dos bancos principales, el Kaupthing el Glitnir. Sus principales clientes están en ese país y en Holanda, clientes a los que sus estados tienen que reembolsar sus ahorros con 3.700 millones de euros de dinero público. Por entonces, el conjunto de las deudas bancarias de Islandia equivale a varias veces su PIB. Por otro lado, la moneda se desploma y la bolsa suspende su actividad tras un hundimiento del 76%. El país está en bancarrota.
  • El gobierno solicita oficialmente ayuda al Fondo Monetario Internacional (FMI), que aprueba un préstamo de 2.100 millones de dólares, completado por otros 2.500 millones de algunos países nórdicos.
  • Las protestas ciudadanas frente al parlamento en Reykjavik van en aumento. El 23 de enero de 2009 se convocan elecciones anticipadas y tres días después, las caceroladas ya son multitudinarias y provocan la dimisión del Primer Ministro, el conservador Geir H. Haarden, y de todo su gobierno en bloque. Es el primer gobierno (y único que yo sepa) que cae víctima de la crisis mundial.
  • El 25 de abril se celebran elecciones generales de las que sale un gobierno de coalición formado por la Alianza Social-demócrata y el Movimiento de Izquierda Verde, encabezado por la nueva Primera Ministra Jóhanna Sigurðardóttir.
  • A lo largo del 2009 continúa la pésima situación económica del país y el año cierra con una caída del PIB del 7%.
  • Mediante una ley ampliamente discutida en el parlamento se propone la devolución de la deuda a Gran Bretaña y Holanda mediante el pago de 3.500 millones de euros, suma que pagarán todos las familias islandesas mensualmente durante los próximos 15 años al 5,5% de interés. La gente se vuelve a echar a la calle y solicita someter la ley a referéndum. En enero de 2010 el Presidente, Ólafur Ragnar Grímsson, se niega a ratificarla y anuncia que habrá consulta popular.
  • En marzo se celebra el referéndum y el NO al pago de la deuda arrasa con un 93% de los votos. La revolución islandesa consigue una nueva victoria de forma pacífica.
  • El FMI congela las ayudas económicas a Islandia a la espera de que se resuelva la devolución de su deuda.
  • A todo esto, el gobierno ha iniciado una investigación para dirimir jurídicamente las responsabilidades de la crisis. Comienzan las detenciones de varios banqueros y altos ejecutivos. La Interpol dicta una orden internacional de arresto contra el ex-Presidente del Kaupthing, Sigurdur Einarsson.
  • En este contexto de crisis, se elige una asamblea constituyente el pasado mes de noviembre para redactar una nueva constitución que recoja las lecciones aprendidas de la crisis y que sustituya a la actual, una copia de la constitución danesa. Para ello, se recurre directamente al pueblo soberano. Se eligen 25 ciudadanos sin filiación política de los 522 que se han presentado a las candidaturas, para lo cual sólo era necesario ser mayor de edad y tener el apoyo de 30 personas. La asamblea constitucional comenzará su trabajo en febrero de 2011 y presentará un proyecto de carta magna a partir de las recomendaciones consensuadas en distintas asambleas que se celebrarán por todo el país. Deberá ser aprobada por el actual Parlamento y por el que se constituya tras las próximas elecciones legislativas.
  • Y para terminar, otra medida “revolucionaria” del parlamento islandés: la Iniciativa Islandesa Moderna para Medios de Comunicación (Icelandic Modern Media Initiative), un proyecto de ley que pretende crear un marco jurídico destinado a la protección de la libertad de información y de expresión. Se pretende hacer del país un refugio seguro para el periodismo de investigación y la libertad de información donde se protegan fuentes, periodistas y proveedores de Internet que alojen información periodística; el infierno para EEUU y el paraíso para Wikileaks.

Pues esta es la breve historia de la Revolución Islandesa: dimisión de todo un gobierno en bloque, nacionalización de la banca, referéndum para que el pueblo decida sobre las decisiones económicas trascendentales, encarcelación de responsables de la crisis, reescritura de la constitución por los ciudadanos y un proyecto de blindaje de la libertad de información y de expresión. ¿Se nos ha hablado de esto en los medios de comunicación europeos? ¿Se ha comentado en las repugnantes tertulias radiofónicas de politicastros de medio pelo y mercenarios de la desinformación? ¿Se han visto imágenes de los hechos por la TV? Claro que no. Debe ser que a los Estados Unidos de Europa no les parece suficientemente importante que un pueblo coja las riendas de su soberanía y plante cara al rodillo neoliberal. O quizás teman que se les caiga la cara de vergüenza al quedar una vez más en evidencia que han convertido la democracia en un sistema plutocrático donde nada ha cambiado con la crisis, excepto el inicio de un proceso de socialización de las pérdidas con recortes sociales y precarización de las condiciones laborales. Es muy probable también que piensen que todavía quede vida inteligente entre sus unidades de consumo, que tanto gustan en llamar ciudadanos, y teman un efecto contagio. Aunque lo más seguro es que esta calculada minusvaloración informativa, cuando no silencio clamoroso, se deba a todas estas causas juntas.

Algunos dirán que Islandia es una pequeña isla de tan sólo 300.000 habitantes, con un entramado social, político, económico y administrativo mucho menos complejo que el de un gran país europeo, por lo que es más fácil organizarse y llevar a cabo este tipo de cambios. Sin embargo es un país que, aunque tienen gran independencia energética gracias a sus centrales geotérmicas, cuenta con muy pocos recursos naturales y tiene una economía vulnerable cuyas exportaciones dependen en un 40% de la pesca. También los hay que dirán que han vivido por encima de sus posibilidades endeudándose y especulando en el casino financiero como el que más, y es cierto. Igual que lo han hecho el resto de los países guiados por un sistema financiero liberalizado hasta el infinito por los mismos gobiernos irresponsables y suicidas que ahora se echan las manos a la cabeza . Yo simplemente pienso que el pueblo islandés es un pueblo culto, solidario, optimista y valiente, que ha sabido rectificar echándole dos cojones, plantándole cara al sistema y dando una lección de democracia al resto del mundo.

El país ya ha iniciado negociaciones para entrar en la Unión Europea. Espero, por su bien y tal y como están poniéndose las cosas en el continente con la plaga de farsantes que nos gobiernan, que el pueblo islandés complete su revolución rechazando la adhesión. Y ojalá ocurriera lo contrario, que fuera Europa la que entrase en Islandia, porque esa sí sería la verdadera Europa de los pueblos.

Fuente: http://nosinmibici.com/2011/01/23/2073/

DIA 5. De Bourdelles a Burdeos

DIA 5. De Bourdelles a Burdeos

Último día, y el que más madrugo de todos. El desayuno a las 7:30, con la idea de empezar mi última etapa a las 8. Ha estado lloviendo toda la noche, pero el día al menos amanece nublado y la temperatura es buena para rodar en bici. Ayer termine mi viaje junto al canal, y hoy tengo que rodar por la vía verde de Pierre Lavide, una antigua vía ferroviaría que transcurre entre >Salvaterre y Burdeos.

Rodando entre viñedos

La primera dificultad del día es encontrar el comienzo de la vía. Habrá unos 20 km hasta la salida, y tengo que hacerlos a través de carreteras comarcales. Dispongo de un plano detallado, que me ha dejado en la casa rural, por lo que no debería ser un problema. Y poco a poco voy avanzando por los pueblos, y me encuentro con las primeras cuestas de verdad, hay bastantes toboganes, pero en algunos puntos hay paredes de al menos el 10%. Teniendo en cuenta que es el quinto día de rodaje, me imaginaba que me iba a costar, pero, en cambio, voy como un tiro. Me hago dos horas de rodaje con muy buenas sensaciones y forzando. La señal de que iba bien es que no he tenido que meter el plato pequeño en ningún momento. Y llego a Sauvaterre.

Es el pueblo más grande de la zona, pero no hay ni rastro de la vía verde, por lo que tengo que preguntar a un par de lugareños, que me lo indican a la perfección. A pesar de no tener ni idea de francés, al menos entiendo las explicaciones que me dan y a las 10 horas llego al inicio de la vía.

Antigua estación de tren

El cálculo para el día de hoy son 76 km, 54 de vía verde más 22 de carretera, pero realmente he hecho más de 22 km para llegar a la salida. La vía es una pista asfaltada de 2 metros de ancho, en la que voy prácticamente solo. Voy rodando entre viñedos, es una zona muy agradable, y voy a travesando pequeños pueblos y pasando junto a antiguas estaciones de tren, algunas de ellas, convertidas en bares o restaurantes.

Voy alternando tramos de largas bajadas con tramos de interminables subidas, no duras, pero me obligan a marcarme un ritmo tendido y constante. Noto que poco a poco me van fallando las fuerzas, se me acaba la gasolina. Es tiempo de hacer una parada y comerte una barrita energética. Recupero un poco, pero no todo lo que quisiera. Me quedan cerca de 35 km para llegar a Burdeos, y son las 11 de la mañana. Está siendo la etapa más completa de todas. a favor, que el terreno es todo asfalto, en contra, que ha dejado de ser llano. Empieza chispear un poco, suerte que me ha respetado hasta ahora, por lo que les pongo el chubasquero a las alforjas, yo en cambio no me pongo nada, este agua sirve para refrescarme. Hago unos km más y llego al último pueblo que hay antes de llegar al final de la vía. Me paro y me tomo otra barrita y una coca-cola. En el bar en el que he entrado hay una gran ikurriña colgada en la pared, por lo que les pregunto si son de Euskal Herria, pero no me responden nada claro, y me quedo con la duda de porque estará.

El único tunel de toda la ruta

Parece que está última parada ha sido efectiva, y he recuperado fuerzas de verdad, hago lo que me queda de vía como una moto. Esto me da que pensar, me da la impresión de que mucho días no he rodado todo lo que podría porque tampoco me he alimentado como debería, pero al tener las cenas cogidas, y ser casas rurales, no podido elegir como quisiera. Creo que es una buena lección para futuras salidas. Y llego al final de la vía, hago un par de km por carreteras comarcales y empalmo con el río Garona, junto al que transcurre una vía para ciclistas que te lleva al centro mismo de Burdeos.

Los últimos km son de placer. Está lloviendo un poco, pero no importa, solo tengo en mente llegar al final de mi meta. Este último tramo es el más feo de todo el viaje, transcurre por zonas industriales, y no cambia un poco hasta que llego al centro. A las 13 horas, me apeo de la bici y me saco la foto final. En el mismo instante, un grupo de 10 personas, jubilados yo creo, arrancan de la misma plaza con sus alforjas, y salen por el mismo carril por el que he llegado. Van a hacer la ruta, pero en la otra dirección. Estoy contento por este día final. He rodado muy bien, en algún momento flojo, pero me quedo con la sensación de que el días que peor tenía que ir, ha sido el mejor. He completado los 80 km de la etapa en unas 5 horas, cuando el resto de días no he llegado hasta la tarde.

En cambio, me queda una espina clavada, los 90 km que hice entre Carcassonne y Toulousse. Estoy convencido de que si la primera etapa hubiera sido una etapa normal, el resto de días hubiera ido in crescendo y hubiera podido hacer la ruta completa. Sobre todo, porque ese fue el tramo más duro en cuanto al terreno: barro, tierra y agua. De Toulousse en adelante está todo asfaltado, por lo que en condiciones normales se pueden hacer km casi sin darse cuenta, las etapas de 100 km son totalmente factibles.

Puente sobre el río Garona en Burdeos

Mi estancia en Burdeos es corta pero intensa. Como una ensalada en una terraza, regada con una copa de vino espectacular, con la idea de coger el autobús e ir a recoger el coche en el aeropuerto. Pero el chofer no me deja subir la con bici al autobús. Así que me felicito de hacer comido solo una ensalada y me dispongo a emprender, esta vez sí, el último tramo. El aeropuerto está a unos 10 km, que hago con suma tranquilidad y sin perderme. El tiempo ha cambiado y el calor aprieta, pero no es impedimento para que a las 16 h. haya pagado el parking y este desmontando todo para cargarlo en mi coche.

Han sido 5 días intensos, se trata de una ruta sencilla, perfecta para iniciarse en el cicloturismo, pero quizá un poco tranquila después de haber hecho el camino de Santiago anteriormente. Lo que está claro es que hay que ir mínimamente preparado para hacer tantos km en tan pocos días, y planteárselo siempre de menos a más.

El globero y su burra en Burdeos
DIA 4. De St.Jean de Thurac a Bourdelles

DIA 4. De St.Jean de Thurac a Bourdelles

Poulle at Velo junto a la esclusa

Y amanece el penúltimo día de marcha. Poulle at Velo ha resultado ser un sitio agradable. Perfecto para un globlero. Se presenta un día soleado, por lo que por primera vez salgo en manga corta.  Cargo las alforjas, ¡y al pedaleo! 86 km por delante y una incógnita: ¿qué tal responderé hoy? Avanzan los km y no voy mal, disfrutando del camino llego hasta la ciudad de Agen, en la que la ruta discurre por un parque repleto de gente haciendo deporte. En bici, corriendo, con patines, incluso con una especie de bicicleta en la que el tío iba tumbado mientras daba pedales. Increíble.

Por fin, y aunque parezca extraño, me tocaba pinchar. Tras rodar sobre una pista de tierra con bastantes baches, empiezo a notar que la rueda trasera no va bien, está un poco baja. Con el peso de las alforjas, lo normal es que la rueda vaya baja, pero no tanto. Espero a que en cualquier momento me deje tirado, pero nada, sigue estable dentro de su mal estado. La hincho un par de veces y se mantiene. Intento encontrar un gasolinera para hincharla a tope, pero es imposible encontrar nada, estoy a 20 km de Agen y cada vez menos pueblos. Me salgo una vez de la pista y busco una gasolinera a la aventura, hasta que un lugareño me dije que hay una a unos 8 km, desecho la idea y vuelvo a la pista. Al ir con la rueda baja, tampoco puedo ir muy rápido, y voy a un trote cochinero con el que me cuesta hacer los km. El agua empieza a escasear, una vez más, es imposible encontrar ningún sitio donde repostar. Por suerte, encuentro un cartel de una casa rural en la que alquilan bicis. Esta es la mía. Tras un par de km, llego a una casa en la que gracias al señor, hincho la rueda a tope y compro coca-cola y agua. Un par de barritas, y ya como nuevo, al pedaleo.

Rue de Basque, cerca de Agen

Parece que voy como nuevo, no sé si ha sido el repostaje o que he hinchado la rueda,  así que aprieto el paso y recupero lo km que he perdido durante media mañana. Rodando a gusto. Cuando llevo más o menos 55 km, me encuentro un bar con  terraza en el que dan comidas, así que decido parar y terminar el primer sector del día. Como siempre, me pido una ensalada, y de segundo, paella, o algo parecido. Le pueden poner toda su buena intención, pero mezclar en la misma paella chorizo, pollo y gambas, pues no sé, como que no, encima, está un poco caldosa. Pero cuando el hambre aprieta…

Nada más terminar de comer, y al coger la bici, descubro que la rueda está muy-muy baja. Al final, sí que estaba pinchada. Así que no me queda más remedio que desmontar la cámara. Pero no me quejo, después de cuatro días, es el primer pinchazo. Termino de ponerle una cámara nueva, y otra vez al canal, me quedan 30 km para la tarde.

Publicitando Electra Vitoria

Durante la tarde no pasa nada raro, hasta que llego a la última esclusa del día. Es el momento de buscar la casa rural. Sobre el plano, Bourdelles está junto al canal, así que me imagino no tendré problemas. Salgo del canal y me dirijo a las casas más cercanas, en busca de un cartel que indique el pueblo o la casa. Pero nada. Ni una pista de donde pueden estar. Sigo dando vueltas hasta que una pregunto a una señora y me dice por dónde tirar: tengo que cruzar el río Garona, que discurre junto al canal. Realmente no estaba equivocado, pero me había confundido con la orilla. Así que no me queda más remedio que seguir, esta vez junto al río, hasta que lo cruzo por un puente que está 2 km más arriba. Y después, vuelve atrás por el curso del río. Veo el pueblo a lo lejos, y me queda un ratillo hasta llegar. Con la tontería, y cuando pensaba que ya había llegado, me he tirado casi una hora más sobre la bici, y llego bastante cansado al tener que hacer el último tramo con un fuerte viento en contra.

El río Garona

La casa rural está junto al río, está bastante bien, y por suerte, hay una persona que habla español y me ayuda a explicarle al casero que estaría bien si pudieran prepararme algo para cenar. Sin problema, me ponen algo de cenar. De este modo evito tener que ir hasta La Reole  a cenar algo, Bourdelles es muy pequeño, y no hay ni bar ni restaurante. Mientras estoy cenando, cae una tormenta espectacular, truenos, rayos y mucho viento. Buff, por que poco.

DIA 3. De Castelnau a St.Jean de Thurac

DIA 3. De Castelnau a St.Jean de Thurac

Al final he salido vivo de la noche infernal. Me ha costado dormirme por el calor, pero era necesario, tenía que secar la ropa. Y al final, objetivo cumplido, se han secado tanto maillot como el culotte.

Si la mañana anterior me levante tocado de las rodillas, hoy me noto desde el principio que tengo los cuádriceps como piedras. Hoy me cuesta un poco más ponerme en marcha, la verdad es que no tengo mucha prisa, tengo 75 km por delante, y no creo que me cueste mucho hacerlos. El objetivo de hoy: llegar al Pollo en Bici, una antigua casa-esclusa transformada en albergue para bicicleteros.

Cascada en una esclusa

A las 9:30 ya estoy saliendo con la burra en busca del canal, esta vez me se el camino, por lo que ha sido sencillo llegar al mismo. Voy haciendo los km con cuentagotas, ni a tope, ni tampoco en un ritmo globero. La verdad es que no sé a qué velocidad estoy rodando, el cuentakilómetros no funciona desde ayer, pero no pasa nada, los km están marcados en el suelo, uno a uno. Encima, en cada puente o esclusa, te recuerdan los km que llevas recorridos en este canal de Garona, por lo tanto, desde Toulousse. Lo que puede parecer una ayuda, termina siendo un suplicio, ya que me cuesta bastante entrar en calor: las rodillas y los cuádriceps no terminan de cogerle el punto al camino. Por momentos, tengo la impresión de que la pista es cuesta arriba, y sí que pica un poco para arriba, pero no debería suponer problema. Por suerte, el día está bastante nublado, pero aguanta la mañana sin llover. Termino la primera parte de la etapa en Moissac, en total, 45 km mañaneros.

Gigantesca máquina junto al canal

El pueblo es bonito, encima es día de feria, y hay un montón de artistas exponiendo sus cuadros o esculturas en la plaza del pueblo. Me siento en una terraza, junto a la iglesia, con una entrada impresionante (no se para que estudie historia del arte en el insti, ya no me acuerdo del nombre concreto). En este pueblo se cruza el camino de Santiago y se ven peregrinos por todos los sitios. Buenos recuerdos para el globero. Después de un par de horas, en las que doy buena cuenta de un melón con jamón y un magret de pato, cojonudos por cierto, me dispongo a reemprender el camino. Menos mal que no tenía prisa, han tardado casi una hora entre el primer y segundo plato, me lo he tomado con calma, me quedaban 30 km para la tarde, y tampoco quiero llegar muy pronto.

El tiempo está de cambio, y el sol empieza a asomarse entre las nubes, lo que me recuerda que tengo que llenar los botellines. Resulta curioso, creo que lo he comentado en otra entrada, que sea casi imposible encontrar agua. En Moissac, he buscado y rebuscado por el centro para encontrar una tienda en la que encontrar agua, ya que lo de las fuentes públicas es un cachondeo, no ves una ni por asomo. Pero, o casualidad, he encontrado antes una fuente que una tienda, increíble.

El canal sobre el río Garona

Con las reservas de agua completas, es hora de darle al pedal. Tenía miedo de ver como respondía el cuerpo tras un par de horas de parón, pero ha ido mucho mejor. Me pasaba lo mismo en el camino de Santiago, por las mañanas me costaba mucho entrar en calor, por las tardes, en cambio, iba como nuevo. Y hoy me ha pasado exactamente lo mismo. Me ha molestado un poco el culete, lo normal después de tantos kilómetros, pero he rodado muy cómodo. Incluso he ido levantando el pie del pedal.

En un par de horas, he llegado al Poulle at Vello. Es una especie de albergue, con una habitación común para cuatro personas, que por suerte, esta noche es toda para mí (la noche anterior estaba completa).  Las chicas que llevan el sitio parecen un poco frikis, pero son simpáticas. La casa está junto a una esclusa, y la han reconvertido en albergue, antes era una casa-esclusa, seguramente en su día habría una persona encargada de la misma.

Repito la rutina de cada día: al lavabo de la habitación y a darle al chimbo, lo único bueno es que ya no hay rastro del barro, tan solo tengo que quitar el olor a sudor. Limpio como en la lavadora no queda, pero al menos da el pego. Y tras darle al frote, me bajo a la terraza a tomar algo. Resulta que no hay wifi, por lo que me saco una cerveza blanca, y me paso un rato escribiendo el resumen de lo que ha pasado en el día de hoy. Ha sido un día muy tranquilo, no ha pasado nada raro, y me he dedicado simplemente a rodar.

Central nuclear junto al canal, a 100 m. del pueblo

Esta parte de la ruta está toda asfaltada, no tiene nada que ver con el canal de Midi. Tengo la sensación de que si el primer día no hubiera tenido tantos contratiempos, hubiera podido terminar la ruta completa, sin tener que trampear con el tren. Hoy podía haber hecho muchos km más, sobre todo por la tarde, pero al tener los sitios para dormir reservados, no tengo margen de maniobra y me tengo que ajustar al guión.