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Crónicas chinas. Día 4: parque HouHai y tren a Datong

Crónicas chinas. Día 4: parque HouHai y tren a Datong

Último día en Beijing. Tocaba despedirse del hotel, de nuestra chinesca habitación y de su típico patio. No sabíamos si en el resto del viaje tendríamos una habitación decorada con tanto detalle. A pesar de ser el día de la despedida, aún nos daba tiempo para visitar otro lugar más, el entorno del lago Houhai. El tren hacia Datong salía a las 15:30, y ha habíamos hablado en la recepción del hotel que un taxi pasaría a buscarnos sobre las 14. Dejamos las maletas allí, y nos fuimos al metro.

Típica embarcación de paseo en Huohai

El lago Houhai estaba bastante poco lejos de ninguna parada, por lo que así tendríamos la oportunidad de dar un paseo y ver el ambiente de otras calles que pensábamos eran menos turísticas. O eso creíamos, porque nada más salir de metro nos encontramos un MacDonalds. Pero fue una falsa alarma. En el resto de la calle solo había los típicos puestos de lugareños. Tras caminar bajo un sol infernal, un día más, llegamos al entorno del lago. Con sus barcas, flores de loto, puentes, era un oasis en medio de Beijing. Se agradecía dar un paseo por su orilla. En esta zona, nos encontramos un chiringuito de churros, incluso en el cartel estaba escrito en castellano. Irte a China para ver una churrería, no me lo creería si de me lo dicen antes de ir. Cerca del lago se encontraban la Torre del Tambor y la Torre de la Campana. Así que ya que estábamos allí, no dejamos la oportunidad de visitarlas, al menos desde fuera. Beijing dio poco más de si. Habían sido tres días intensos, en los que habíamos intentado visitar y conocer los lugares más representativos de la ciudad. Había sido nuestra primera toma de contacto con China, y aunque había sido corta, nos había servido para aclimatarnos y empezar a conocer un poco a sus habitantes.

Los churreros chinos

Antes de coger el taxi hacía Beijing West Railway Station, hicimos unas últimas compras. Supuestamente en el tren vendían comida, pero no estábamos seguros. Era el primer tren que cogíamos en el país, y aunque habíamos leído algo sobre el tema por internet, teníamos cierta incertidumbre por lo que pudiéramos encontrarnos. Así que nos fuimos a un supermercado y nos compramos unos noodles deshidratados, para hacerlos en agua caliente. Esta es sin duda la comida más común en China, la venden en cualquier esquina o puesto, y como hay grifos de agua caliente por doquier, se hacen la cena o comida en un momento. Junto con unas galletas, era seria nuestra cena. Para la comida habíamos reservado una sorpresa: el MacDonalds. No teníamos mucho tiempo, así que era la mejor opción porque en la cadena americana ante todo se come rápido. En un momento estábamos comidos y montados en el taxi.

Si hasta el momento estábamos alucinados del tamaño de lo visto en Beijing, la estación de tren no fue para menos. Beijing West Railway Station era impresionante. Infinidad de puertas de acceso, andenes por decenas, y todo en un edificio arquitectónicamente más parecido a un templo que a otra cosa. El taxista nos dejo en la misma entrada, así que nos topamos con los controles de seguridad nada más bajar del coche. No lo había comentado hasta ahora, pero al montar en el metro o tren, siempre hay que pasar las mochilas por los escáneres. Y eso fue lo que hicimos, además de enseñar a los policias los billetes y pasaportes. Aunque parezca mentira, y viendo lo grande que era la estación, nos fue muy fácil encontrar el anden, o más bien la sala de espera, donde centenares de chinos se acinaban, sentados donde podían. Nos pusimos en la cola, pero como ya nos habían avisado, los chinos son expertos en colarse en todo tipo de filas, y esta vez no fue una excepción. Ni colas ni leches. Algunos hacíamos cola, pero otros se ponían por los lados, y cuando abrieron los tornos cada uno hacía lo que podía.

Descansando en el tren hacia Datong

Para el tren habíamos reservado cama blanda: la opción más cómoda y en la van 4 personas en literas en un compartimento cerrado. Después van la cama dura (6 personas y sin puerta), el asiento y el búscate la vida. En la colas de la estación vendían una especie de silla de camping plegable, que no tendría más de 20 cm de ancho, y en la que más de uno haría el viaje sentado. Nada más entrar al compartimento, descubrimos que de espacio no estaba mal, pero había un manchonazo de comida en la mesilla. A Esti casi le da algo. Al de poco entraron nuestros compañeros de viaje, una pareja de personas mayores que casi no hicieron ruido en todo el camino. Al señor le acababan de operar de algo, tenía una vía abierta en el cuello.

El viaje en el tren se hizo muy llevadero. Eran solo cuatro horas de viaje, y llegábamos a dormir a nuestro siguiente destino: Datong. Con el asco que os dio lo del mantel, no nos atrevimos a hacer los noodles con el agua de la tetera, supuestamente la habían cambiado para ese trayecto, pero no nos fiábamos, sobre todo después de encontrarnos el manchón. Los carritos de comida que pasaban por el pasillo solo tenían fruta y verduras. Y tampoco nos apetecía pasarnos por el vagón comedor, en un par de ocasiones que nos asomamos a ver que ponían de comer, se nos quedaron mirando todos los camareros y nos daba reparo sentarnos acercarnos más para ver si tenían menú.

La estación de Datong y su animada plaza

El tren llego a puntual, y a las 10 de la noche ya estábamos en el hotel que teníamos reservado, frente a la estación de Datong. Las chicas no entendían ni una palabra en inglés. Primeros problemas con el idioma. En el hotel de Beijing hablaban inglés mejor que nosotros, Datong en cambio estaba claro que no era tan turístico, por mucho que el nombre del hotel pusiera que era internacional. A la hora que era, y como no vimos ningún restaurante cerca del hotel, decidimos cenarnos los noodles que habíamos comprado para el tren. Así que fue una cena lo más familiar, en la habitación del hotel. Después de cenar bajamos a la recepción, ya que pensábamos que en el hall había wifi gratuito. Ni de coña. Queríamos consultar alguna cosa para el día siguiente, pero no teníamos forma de hacerlo. Al final, con el diccionario en la mano, intente hacerles entender a las chicas de la recepción que queríamos contratar una excursión para el día siguiente. Los dos lugares que queríamos visitar estaban bastante lejos uno del otro, y podíamos hacerlo en transporte publico, pero era una autentica paliza. Nos costo, pero conseguimos que se hicieran una idea de lo que queríamos: al final sacaron una hoja con un plan de excursiones de un tal Mr. Yi, que al parecer era un chófer particular. La hoja estaba en inglés, y como ponía que el tal Yi hablaba un poco inglés, les dijimos a la chicas que adelante. Así que le llamaron y nos pusieron al teléfono con el. Si que hablaba algo, ya que le entendimos y quedamos con el para el día siguiente a las 9. Objetivo cumplido, ya podíamos irnos a dormir tranquilos.

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