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Crónicas chinas. Día 21: El Bund, casco antiguo y Pudong

Crónicas chinas. Día 21: El Bund, casco antiguo y Pudong

Dim sum gigante, todo a lo grande

Al igual que el día anterior, en nuestro penúltimo día en China salimos caminando del hotel, en vez de coger el metro. Íbamos a empezar por el casco antiguo y los jardines de Yuyuan, para salir a la zona del Bund, ubicada en la rivera de rio. Callejeando un poco, podríamos seguir el itinerario marcado sin perdernos. De hecho, gracias a que salimos andando, de camino al casco antiguo descubrimos un mercado de productos locales de lo más variopinto. Puestos de verduras, carnicerías, pescaderías, había de todo. Las condiciones de salubridad tampoco eran las más adecuadas, claro esta. Lo que mejor aspecto tenían eran las frutas y verduras. En las carnicerías, tenían la carne puesta en unas mesas, sin ningún tipo de nevera. Y en las pescaderías, tenían los peces metidos en agua, así que cuando les pedías alguno, lo sacaban, lo mataban si hacia falta, lo limpiaban, y te lo llevabas. También vimos como quitaban el espinazo a las culebras. Claro esta que en este mercado no vimos ningún occidental, de hecho, nosotros lo encontramos de casualidad. No aparecía en guías ni páginas web de información.

Del balde a la tijera o a la navaja

Visitar el casco antiguo era la única forma de conocer como había sido Shanghai anteriormente. Pero era una zona muy comercial. Como de costumbre, no podían faltar el MacDonalds, el Starbucks y los vendedores de relojes, un clásico en los últimos días. Pero estaba todo enmarcado en bellos edificios, junto con pequeños lagos y el cercano parque de Yuyuan, con su bosque de bambú, todo de postal. No había más que andar unos cientos de metros más para llegar al Bund, uno de los mejores paseos que se puede encontrar uno en Shanghai. La rivera del rio, era una ubicación inmejorable para observar los rascacielos de la zona financiera de Pudong. Casualmente, desde que llegamos a Shanghai no se habían ido las nubes del cielo, había estado nublado en todo momento. Ese día no fue una excepción, por lo que no pudimos ver con claridad los edificios más altos, las nubes los cubrían en la parte superior. Lo que si pudimos ver fue la incesante actividad sobre el agua: los barcos pasaban continuamente, de recreo o de carga, circulaban sin cesar.

Curiosos edificios del casco antiguo

Caminamos a lo largo del paseo durante un buen rato, hasta que nos desviamos del mismo para adentrarnos en algunas calles paralelas. Entramos en una calle bastante pija, donde nos encontramos al menos a 10 parejas de chinos haciéndose fotos de boda. Cada cual con aspecto más pintoresco. Una cosa es el horterismo salvaje, pero lo de estos sobrepasa los limites de lo cutre. Mira que les gusta a los chinos la parafernalia de las fotos de bodas. Desde que llegamos a China, habíamos visto a decenas de ellos, posando en lugares de lo más variados. Y es que era un negocio que movía mucho dinero, había infinidad de estudios fotográficos para bodas, y siempre que pasabas por uno, estaba lleno.

Tras recorrer todo el Bund, pasamos a la otra orilla, a Pudong, a través del túnel panorámico. O eso ponía al menos, que era panorámico, y encima en las fotos salían peces. Pues nada más lejos de la realidad. Nos metieron en unos pequeños vagones, y nos llevaron a través de un túnel en el que iban proyectando diferentes imágenes, alumbrado todo con luces de colorines y música rara, todo de lo más friki. Pasamos bajo el agua, pero de panorámico no tenía nada. Parecía más producto de las drogas que otra cosa. Nos gusto tan poco, que aunque compramos el billete de ida y vuelta, después nos cogimos el metro para volver. Cuando estábamos en la zona de Pudong, el tiempo mejoro bastante y se levantaron las nubes, por lo que pudimos ver mucho mejor los dos edificios más altos de Shanghai. Toda esta zona la habían construido hace pocos años, y era bastante alucinante ver la multitud de rascacielos, los jardines con dragones hechos de setos… el conjunto urbanístico era muy distinto al de la otra orilla del rio. Merecía la pena darse una vuelta por la zona.

Pudong visto desde el Bund

Por la tarde, nos acercamos a otro de los grandes mercadillos de Shanghai, el de la parada de metro del Museo de la Ciencia. Como si no hubiéramos tenido bastante el dia anterior, tocaba volver a pegarse con los tenderos. El mercado era bastante mejor que el de Han, con más sitio, más limpio, y sin salir de la parada. Estuvimos toda la tarde dando vueltas. Llego un momento en el que no sabiamos si habíamos estado o no en los puestos. Entre que todos tenían un genero parecido, y que los chinos también se parecían, ya nos sabíamos por que pasillos habíamos pasado.

Dos de los edificios más altos de Pudong

En esta ocasión, a diferencia del día anterior, y con la experiencia acumulada, compramos algunas cosas. Lo más divertido fue cuando me encontré un maillot del Euskaltel Euskadi, una copia bien hecha, pero con una calidad pésima. Regatee con la tía, pero no me quedaba bien de talla. En otro puesto regatee por otro maillot, pero la tía no cedía, por lo que me marche sin comprarle nada. La mejor compra que hicimos fue una maleta, en la que conseguimos rebajarle un montón, hasta pagar el 20% de lo que pedía. A medida que nos alejábamos del puesto iban rebajando el precio, y cuando estábamos bastante lejos, nos grito que aceptaba lo que le ofrecíamos. Cuando volvímos, la chica estaba muy enfadada, pero bueno, tampoco perdería dinero, sino no lo hubiera vendido. Con la noción del tiempo totalmente perdida, salimos del mercadillo con la maleta que habíamos comprado, y con alguna cosa más en su interior.

Con el trasto encima, solo podíamos ir al hotel a dejarlo, por lo que como ya era un poco tarde, cenamos en una zona cercana. Concretamente en un restaurante de comida de Yunnan. Obviando cosas como gusanos o larvas, nos pedimos un plato de sopa de pollo y unas bolas rellenas de pollo, las dos cosas un poco sosas. Pero el tercer plato fueron una berenjenas rellenas que picaban una barbaridad, tuvimos que pedir otra cerveza y unos cuencos de arroz para pasar el trago. Estaban muy buenas, pero como picaban.

Increibles jardines de Pudong
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