Crónicas chinas: día 8. Terracotta warriors
Tras el ajetreo del taxi del día anterior, nos levantamos tarde. Tampoco teníamos prisa, ya que dedicaríamos el día a visitar los guerreros de Terracotta, y estaba a solo una hora en autobús. Así que nos plantamos en el desayuno del hotel poco antes de la hora de cierre del comedor. El desayuno era una mezcla entre oriental y occidental. Por un lado, había los típicos huevos con beicon y salchichas, y por otro, todo tipo de verduras, sopas, pastas y arroces chinos. Incluso había una taza con gusanos, muy apetitosos por cierto. Tras desayunar dedicamos un rato a hacer unas gestiones por internet: teníamos que comprar los billetes para el crucero del río Li, y la web de la empresa no estaba accesible en China, la habían censurado directamente. Era alucinante. No me quedo más remedio que mandarles un email y pedirles información sobre los precios y el modo de pago. Al menos contestaron muy rápido, y antes de salir del hotel ya habíamos finiquitado las gestiones. Solo nos faltaba pagar.

Y con los deberes hechos, nos cogimos un taxi en la puerta del hotel (esta vez parece que nos estaban esperando, y no como la noche anterior), y nos fuimos hasta la estación de trenes, donde se cogía el bus directo a la zona del museo del ejercito de Terracotta. En una hora nos encontramos en la taquilla, con las entradas en la mano, e impacientes por visitar una de las mayores maravillas del mundo. Para llegar a la zona de las excavaciones, había que montarse en un cochecillo parecido a los de golf, pero con más plazas, algo muy típico en China.
Antes de meternos en ninguna excavación, pudimos ver un video que nos sirvió para situarnos en la época de la construcción, y que iba contando cronológicamente la historia hasta nuestros días. Después, y siguiendo las instrucciones de la Lonely, empezamos la visita a los tres pabellones de menor a mayor, mejor ver antes lo menos interesante, ir entrando en el contexto, y terminar con el plato fuerte. Fue todo un acierto. El tercero de los pabellones era el más pequeño, y el que menos soldados contenía. El segundo, en cambio, tenía unas dimensiones descomunales, pero casi ningún soldado visible, estaban la mayoría bajo tierra. Y por ultimo, el primer pabellón, el más importante, y el que se puede ver en todas las fotos sobre los guerreros. Increíble. Indescriptible. Filas y filas de guerreros, y todos distintos. No es de extrañar que su construcción les costara 40 años de trabajo. Lo más curioso es que han estado durante siglos bajo tierra, hasta que hace 30 años los descubrieron por casualidad unos campesinos. Impresiona verlos frente a frente. Sin duda, y hasta ese momento, era lo que más nos había gustado del viaje. Acercarse hasta Xian se compensa solamente con esta visita. Aunque perezca mentira, y se trata de solo tres pabellones, tardamos unas horas en visitarlos, parándonos cada dos por tres a leer las indicaciones, u observando cada detalle de los soldados.

Para cuando salimos del museo eran casi las cuatro de la tarde. Pero nos dio tiempo a regatear en un puesto y comprar unas figurillas de los soldados, para tener de recuerdo. Poco a poco le íbamos cogiendo el truco al regateo, de los 75 que nos pedían, se quedaron en 25. Todo gracias a que Esti se puso dura. Yo le dije que 40, Esti dijo que no, hicimos un amago de salir de la tienda y la propia dependienta bajo hasta 25. Seguro que seguía ganando dinero, pero al menos no se nos río a la cara. El regateo era un auténtico coñazo. Lo último que hicimos antes de coger el bus de vuelta fue paramos a comer en un Dicos, la cadena de hamburguesas chinas, lo que viene a ser su MacDonalds. Lo curioso es que en estos sitios son todas las hamburguesas de pollo, casi no tienen otra carne.
En lo que quedaba de tarde, decidimos volver a darnos un paseo por el barrio musulmán, que siempre estaba muy animado. Lo que hicimos a diferencia del día anterior, fue meternos en un mercado de todo tipo de ropa, complementos, antigüedades, etc. la mayoría imitaciones. Era pequeño, pero nos sirvió para hacernos una idea de lo que podríamos encontrarnos a la hora de hacer las compras de ultima hora. Lo más curioso es que en un puesto intentaron vendernos algo hablando en castellano, era la primera vez que lo oíamos desde que habíamos llegado a China, y el tío nos demostró que se había aprendido bien los números.

Al igual que el día anterior, y como hasta ese momento la Lonely no nos había fallado, decidimos darle otra oportunidad, y emprendimos la búsqueda de uno de los restaurantes que recomendaban. Nos costo un buen rato dar con el. Teníamos claro en que calle estaba, pero no terminábamos de encontrarlo, encima no tenía rótulos en ingles, y estaba en una segunda planta, en vez de en plena calle. Al final, preguntamos a un par de personas, y gracias a ellos dimos con el. Se trataba de un restaurante fundado en 1898, uno de los más conocidos de la ciudad, el Lao Sun Jia. Nuestra idea a probar su especialidad, el yangrou paomo, una especie de sopa con migas de pan, fideos, maiz molido, pan de pita y carne de carnero. Era lo más típico en Xian. Cuando abrimos la carta, ponía que llevaba tripas de carnero. Esti se negó a tomarlo, pero yo estaba dispuesto a darles una oportunidad. Si era su plato estrella, y en el restaurante todo el mundo lo tomaba, ¿Porque no iba a probarlo yo? Al final resulto que no era ese plato, pero era muy similar: en vez de tripas llevaba carne normal. Esti se había pedido otra cosa, pero como resulto que no lo tenían, al final termino pidiendo lo mismo que yo. El toque musulmán se notaba, y mucho, en el plato. El sabor era totalmente distinto a lo que habíamos estado comiendo hasta ese momento. Al principio nos costo hacernos al sabor, pero al final la sopa nos encanto. Y más cuando la acompañamos con los ajos y el cilantro que nos sacaron en otro plato.

Como ya estaba de noche al salir, nos cogimos un taxi para volver al hotel. Esta vez nos toco un taxista un poco loco, si hay alguno sano en China claro, y nos dejo cerca del hotel, pero en una zona que no habíamos descubierto todavía. Sabíamos que en la pagoda de la oca había un espectáculo nocturno de luces y colores, pero más que el show en si, descubrimos un parque increíble junto a la pagoda. Los arboles con bombillas rojas o moradas en sus ramas, la pagoda totalmente iluminada, el ambiente, las estatuas… Fue una pasada, sin duda, uno de los parque más bonitos que hayamos visto nunca de noche. Recomendable al 100% darse un paseo nocturno.
2 comentarios en «Crónicas chinas: día 8. Terracotta warriors»
Cuántos guerreros hay en las excavaciones? Qué pasada las fotos
El dato exacto no lo se, pero creo que hay mas guerreros bajo tierra que a la vista. El pabellón 2 era más grande que este y no estaba ninguno visible.
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