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Driving Route 66 (3): de Illinois a Missouri

Driving Route 66 (3): de Illinois a Missouri

El día nos ha sorprendido frío y lluvioso. Nos hemos levantado muy temprano, y tras un desayuno de lo más normal en el hotel, hemos salido con la idea de ver algo de Springfield. Aunque el nombre coincida, la ciudad no tiene nada que ver con su homónima de los Simpsons. Lugar donde nació Abraham Lincoln, el personaje da para todo tipo de homenajes a su figura: estatuas, librerías, o museos entre otras cosas. También podía visitarse la casa donde nació. Con la devoción que sienten los yankees hacia el, normal que le dediquen lo que haga falta.

A las 7:30 de la mañana aparcábamos frente al antiguo Capitolio del estado de Illinois. Nada más salir del coche, casi nos congelamos. Vaya frío. Había muy poca gente por la calle, y no había nada abierto, pero para eso estábamos nosotros, para hacer un poco bulto. El Capitolio resulta curioso por su arquitectura, pero no da más que sacar un par de fotos. Hemos seguido calle arriba hasta el parque Lincoln, que esta frente a la biblioteca con el mismo nombre. Como no, aún estatua se Abraham vigilaba la zona. Tras volver unas calles hacia atrás, hemos visto lo que era el casco antiguo, una calle en la que se sus edificios eran de estilo antiguo, aunque rehabilitados. Era lo único antiguo, el resto de los edificios de los alrededores eran bastante nuevos.

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Antes de salir de Springfield, nos hemos encontrado con el tercer gigante, el que nos faltaba por conocer, el del taller mecánico de Lauterbach. Con una bandera de Usa en sus manos, el tercer hermano gigante, nos despedía de la ciudad.

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Volvíamos a la América profunda, dejábamos la ciudad para volver al campo. Y la mañana a ido de eso, de pequeños pueblos. Lo mejor de la jornada ha ocurrido en una pequeña granja en Auburn, en el Becky’s Barn. No se muy bien como definirla, tienda de antigüedades o bar, o puede que las dos cosas. Nada más aparcar en la entrada, había un señor con barba que nos ha preguntado de donde éramos y si hablábamos inglés. Le hemos dicho que un poco, y ha llamado a Becky. Todavía no estaba abierto, pero ha accedido a abrir antes de la hora. Nos hemos estado un buen rato hablando con Becky, la dueña, una señora de unos 70 años que nos ha contado parte de la historia de la ruta y unas cuantas anécdotas divertidas. La señora era muy maja, y nos ha sacado unas sodas, ya que no servía café. La mía era una especie de cerveza, Root Beer se llamada, que sabía más a jarabe que a otra cosa, ¿por qué la llamarían Beer? La conversación ha sido muy amena, se notaba que disfrutaba hablando de la ruta. Ya nos ha avisado que los ruteros suelen coger varios kilos en el transcurso de la misma, nos ha comentado que se come muy bien, pero esto ya lo estamos descubriendo nosotros mismos.

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Lo más curioso de todo ha sido el empleado que estaba en la tienda, el de las barbas. He empezado a preguntarnos si creíamos en Santa Claus, ya que el creía. Era un friki, y el colmo ha sido cuando ha encendido la máquina de discos que había en la tienda, ha puesto un twist y se ha puesto ha bailar con un muñeco de Santa Claus del tamaño de una persona, que bailaba al ritmo de la música. Pero el colmo del surrealismo ha sido cuando nos ha hecho ir al baño, se ha sentado en la taza, y nos ha dicho que le gusta llevar a la gente ahí para que se hagan una foto con el y se la enseñen a sus amigos. Y a ver quien es el valiente que no se hace la foto.

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Aparte de esas dos personas, la tienda merecía una parada por todo lo que exponían. Tazas, pegatinas, relojes, discos, cualquier cosa que se te pueda ocurrir, incluso una figura de un torero con un toro, mejor no preguntar de donde había salido, aunque la señora había estado en Barcelona, por lo puede ser que se lo trajera de allí.

No eran las 10:30 cuando salíamos de la tienda de Becky, sorprendidos por lo que nos habíamos encontrado. Durante el resto de la mañana no hemos visto nada destacable aparte de los paisajes y los típicos pueblos americanos con sus calles alargadas, y sus casas familiares a cada lado. América es así, es difícil encontrarse un bloque de pisos fuera de una gran ciudad. Como el hambre apretaba, nos hemos detenido en la típica cafetería, con las camareras rellenando las tazas de café continuamente. Ha sido en Carlinville, un pequeño pueblo. En vez de comernos la típica tarta, nos hemos decidido por una tortilla, la Carlinville, y estaba bastante bien. El resto de personas del local se estaban poniendo finas. El local ofertaba un desayuno por 7 dólares en el que podías comer todo lo que quisieras. Alguna motivo tiene que tener el volumen de los estadounidenses, al lado de ellos, parecemos unos figurines, aunque parezca increíble.

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Tras la parada para comer, no hemos vuelto a detenernos hasta llegar a Cuba. Y han sido 5 horas sin bajarnos del coche. En uno de los pueblos había un museo de coches antiguos, pero no lo hemos visto. Lo mejor es que hemos cruzado San Luis casi sin perdernos, pero menuda odisea. Siguiendo las señales en la carretera, y con la guía para saber por donde íbamos. La ciudad quizá mereciera una visita, pero en la guía no a destacaban nada, ni invitaban a detenerse. Durante la hora que hemos estado cruzando la ciudad, tampoco hemos visto nada que nos invitara a detenernos. Bastante teníamos encima con no perdernos. Porque como te pierdas, a ver como vuelves a la ruta. Si llevas un GPS, todo perfecto, pero sin el aparato, nosotros tenemos que decidir que carretera seguir. A todo esto, antes de entrar en San Luis por un puente sobre el río Mississippi, hemos cambiado de estado: ya estamos en Missouri.

Para la tarde nos quedaba la visita a las cuevas de Meramec. Según la leyenda, Jesse James utilizo esta cueva para huir de sus perseguidores. El primer anuncio estaba ¡85 millas! antes. Y a medida que nos acercábamos, había cada vez más, vaya pasta que tiene que gastarse en publicidad. La pena ha sido que para cuando hemos pasado por la zona, ya estaba cerrado. Aunque por la pinta que tenía, no se sí hubiera merecido la pena la visita.

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Tras esta visita fallida, nos hemos plantado en Cuba justo cuando estuviera de noche, las 17 horas. Esta noche nos toca alojarnos en un motel típico de la ruta, el Wagon Wheel, original donde los haya. Nos han metido en una pequeña cabaña de piedra de lo más chula. Y encima hemos tenido suerte: justo al lado había un original restaurante, el Missouri Hick Barbaque. Sólo por el ambiente y la decoración merece la pena cenar, y si encima la comida esta buena, pues se redondea un plan perfecto. Que más se puede pedir. No había música en directo, pero la música country nos ha animado bastante. Y el día no ha dado para nada más, pronto a la cama que mañana nos levantamos antes se las 6. Cuando amanezca hay que estar marcha, hay que aprovechar las horas de luz y llegar a los sitios cuanto antes.

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Driving Route 66 (2): cruzando Illinois entre gigantes

Driving Route 66 (2): cruzando Illinois entre gigantes

Ya estamos de camino. Por fin. La estancia en Chicago ha sido muy corta, y hemos dejado un montón de cosas sin ver, pero la carretera manda. De nuevo me tocaba pegarme con el coche y sus cambios automáticos. Pero esta ve ha sido mucho más fácil, me ha costado acostumbrarme a reducir sin pisar el embrague, pero esta todo bajo control. Tampoco es que vaya muy rápido.

Para ir haciéndome más al coche, nada mejor que meternos por las calles del centro de Chicago. Sobre el mapa teníamos claro por donde ir, pero en algún punto nos hemos desviado, y nos hemos encontrado dando vueltas por el centro. Mirando cada nombre de calle en el mapa que nos habían dejado en el hotel. Al final nos ha servido bastante más guiarnos por la ubicación de la autopista, y cuando menos nos lo esperábamos, y gracias sobre todo a la suerte, hemos visto una señal de la Ruta 66. ¡Ya estamos de camino! Y encima desde el primer metro de la ruta.

A partir de este momento, ha sido todo mucho más fácil. Tan sólo teníamos que seguir las señales de la ruta, que aparecían de vez en cuando. Aunque como no, en las afueras nos hemos vuelto a perder. En la guía que llevamos con nosotros ponía que había que desviarse en Lawnware, por lo que hemos conducido por un barrio residencial, el típico se las casas familiares, hasta llegar al final del camino. La carretera se terminaba. Así que vuelta para atrás por donde habíamos venido. Más tarde hemos descubierto que hay que tener cuidado con los nombres, porque pueden llamarse igual boulevares o calles, y en nuestro caso ha sido eso. Pero bueno, nos hemos reincorporado, y para adelante.

La primera parada del,día ha sido en Willowbrook, donde se encuentra un famoso restaurante de pollo frito, muy conocido entre los ruteros, pero a la hora que hemos llegado (sobre las 10), todavía no habían abierto. La siguiente para ha sido en Joliet, sobre el papel no había nada que ver, pero había unas figuras de los Blues Brothers sobre el tejado de la oficina de información de la ruta, no hemos podido evitar pararnos para hacer una foto. Unos cien metros más adelante había una antigua gasolinera o taller, decorada con unos coches antiguos, que también nos ha gustado mucho. Sobre todo el coche de policía.

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Después de esta parada, no hemos vuelto a bajarnos del coche hasta llegar a Wilmintong. Allí nos aguardaba el primer gigante de la ruta: Gemini. Este es uno de los tres gigantes que hay en el estado de Illinois. Los gigantes se apostaban al lado de restaurantes de carretera, y servían como reclamo para los viajeros. Si se crearon para eso, consiguen su objetivo con creces, son espectaculares. En este caso, el restaurante llevaba un tiempo cerrado, pero tampoco mucho.

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En este mismo pueblo hemos parado para comer, que ya era hora. Hemos elegido un sitio llamado Nelly’s. Y nada más entrar hemos visto que tenían un reto en plan Crónicas Carnívoras, The Bomb: comerse una hamburguesa gigante con sus patatas en 15 minutos. Incluso tenían su hall of fame con algunas fotos. Que decir de la comida, fritanga, fritanga, fritanga. Pero que buena.

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Después de comer, y de cruzar pequeños pueblos unos tras otras, nos tocaba visitar dos de las gasolineras más conocidas de Illinois. Estas antiguas gasolineras se encuentran cerradas desde hace muchos años, pero están restauradas y se pueden visitar, para recordar los buenos tiempos en los que la vida de estas localidades giraba en torno a esta ruta. Todavía lo hace, pero ya es más turisteo. La primera es Dwight, que estaba cerrada.

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En Odell en cambio hemos podido entrar y charlar un rato con la señora que atendía. Todo estaba restaurado por asociaciones de amantes de la ruta, que trabajaban como voluntarios para mantener este patrimonio. La señora era de una ellas. Eso si, para poder mantenerlo, pedían al visitante que comprara un souvenir. Así qué nos hemos comprado una matrícula la mar de chula.

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La siguiente parada ha sido Pontiac, donde destaca su museo de la ruta, con innumerables recuerdos en forma de fotos, coches, ropa…. Merece la pena una visita. En la parte trasera, se encuentra el mural más grande de toda la ruta. Espectacular. Además de este, el pueblo esta plagado de otros murales. En cualquier pared podías encontrarte uno. La verdad es que nos ha encantado el pueblo.

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El segundo gigante de la jornada nos esperaba en Atlanta. Con un hotdog en las manos, llamada a comer en un restaurante que se encontraba a sus espaldas. Ya habia desparecido, no quedaba ni el edificio. El gigante en cambio seguía en pie (había sido restaurado, por supuesto). También destacaba en Atlanta su chupa-chups. Un depósito de agua que habían pintado de amarillo y al que habían dibujado una cara. Curioso realmente. Hasta ahora, todos los pueblos que hemos visitado tienen su depósito de agua, y suelen poner el nombre del pueblo en el mismo para poder verlo de lejos e identificar dónde te encuentras.

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Hemos salido sobre las 16:30 de Atlanta, y ya estaba cayendo la noche. Quedaban pocos minutos de luz, y unos cuantos kilómetros hasta Springfield, 50 al menos. Por el camino, y aprovechando los últimos rayos de luz, nos hemos detenido frente a un motel con un carro gigante conducido por Abraham Lincoln. Una vez más, el reclamo del gigante ha funcionado. Y este no estaba previsto.

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Cuando hemos reemprendido el camino estaba casi de noche. Así qué no nos hemos parado hasta llegar al motel, en Springfield. No nos ha costado mucho encontrarlo. Esta en pleno centro, y junto a un hospital, por lo que con seguir sus señales ya hemos llegado a la zona. Como en el hotel no había nada para cenar, hemos tenido que coger el coche para ir al centro. Menos mal. A las 6 de la tarde estaban todas las calles desiertas, y hemos tenido que dar un par de vueltas al centro hasta encontrar un restaurante italiano, el Saputo’s. Buena comida italiana.

Y el día no ha dado para más. Mañana con luz visitaremos la ciudad antes de partir. Hay bastantes cosas para ver, teniendo en cuenta que esta es la cuna de Abraham Lincoln. Desde su casa hasta su museo. Así que habrá que madrugar para aprovechar los rayos del sol al máximo y llegar al siguiente destino de día: Cuba.