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Etiqueta: Las Vegas

Driving Route 66 (11): a las puertas de Los Angeles

Driving Route 66 (11): a las puertas de Los Angeles

En todo viaje hay días de transición, y hoy hay sido uno de esos. Tras el cierre del Tioga Pass, nuestra puerta de entrada a Yosemite, vamos a tener que variar el plan original del viaje: en vez de subir dirección norte por Death Valley y Yosemite para llegar después a San Francisco, vamos a continuar la ruta 66 hasta su finalización, en la playa de Santa Mónica de Los Angeles. Nos da una pena enorme no visitar el valle de la muerte, pero si vamos hacia allí tenemos 4-5 horas de carretera para ir y volver. A eso hay que sumarle el tiempo que dediquemos al parque. Y el mayor problema, de allí a San Francisco no tendríamos nada que visitar. Lo dicho, vamos a completar la ruta desde su inicio hasta su final.

Ayer dejamos algo pendiente: ver el famoso cartel de bienvenida a Las Vegas. Sabíamos que estaba en Las Vegas Boluevard, por lo que hemos seguido la calle hasta encontrarlo. Ha sido fácil. Encima, esta preparado para detenerse, aparcar enfrente y poder hacer fotos tranquilamente. Y una vez aquí, hay que sacarse la foto de rigor, sería un delito no hacerlo. Hemos coincidido justo con un par de chicas y nos hemos hecho las fotos mutuamente. Una de ellas hablaba castellano, y nos ha comentado que venían a la ciudad para celebrar su cumpleaños. Se les notaba que llegaban con ganas de divertirse.

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Y tras la foto, estábamos de nuevo de camino, por la 95 sur. Un buen rato después de salir, hemos tenido que parar a desayunar en un pueblo llamado Searchlight, y sólo había un McDonalds. Así qué hemos tomado lo que hemos podido, siempre intentando evitar hamburguesas, que todavía eran las 9 de la mañana. La zona en la que se encuentra Las Vegas es muy desértica, hay algunas montañas, pero no tienen ni una marcha verde: roca y hierba seca. Además, por la carretera había muy pocas poblaciones, por lo que lo hemos repostado cuando hemos podido. Viendo el panorama, hemos ido una buena parte de la mañana por una zona muy árida. Mientras íbamos por Nevada la carretera era de doble carril, pero al entrar en California, ha pasado a ser de un único carril. Pero lo más curioso ha sido que estaba plagado de toboganes: kilómetros y kilómetros para arriba y para abajo.

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En el momento que hemos cruzado la vía del tren de Santa Fe, han aparecido las señales de la ruta 66, sin llegar a Needles. Así qué ya estábamos de nuevo en ruta. Al abandonar la 95, hemos ido prácticamente solos durante muchos kilómetros. En paralelo a las vías, y cruzando y adelantando los trenes de mercancías. Llevamos varios días en paralelo a las vías, y es inimaginable el tránsito de trenes así como la cantidad de contenedores que transportan. Muchos de los pueblos que nos vamos cruzando, la mayoría medio abandonados, serían seguramente antiguas estaciones, que hoy en día han desaparecido.

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Así qué la mañana ha sido monótona, casi no hemos parado, excepto para disfrutar del paisaje y sacar alguna foto. Lo más curioso ha sido un tramo de un montón de kilómetros en los que los ruteros apilan piedras para escribir sus nombres, o el mensaje que quieren, en la cuneta. No sabemos cuantos podría haber, pero es impresionante toda la gente que se han detenido. Algunos incluso se han llevado las piedras de casa, ya que eran de colores llamativos, y no creo que en el desierto encontraran piedras naranjas (color calabaza) o azules.

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Y la mañana ha dado para poco más. Rectas interminables por el medio del desierto y con poco que ver de la ruta. Pero es que la tónica del día ha sido esa. A diferencia de otros estados, parece que la actitud de California hacia la ruta es de indiferencia. Hemos vuelto a la I40, y no hemos salido de la autovia más que para cambiar a otra autovia. Hay muy pocos tramos de la ruta fuera de las carreteras principales. Pensábamos llegar por la noche a la ciudad angelina, pero a las 3 de la tarde estábamos ya en Foothill Boulevard. Dábamos por hecho que terminábamos la ruta hoy mismo, pero hemos pasado toda la tarde por esa calle, parando cada poco tiempo en semáforos o cruces. Así es imposible avanzar, pero la ruta va por aquí, y la vamos a seguir mientras podamos. Los pueblos son bonitos, se ve que el nivel de vida es alto, pero al final aburre que sea todo tan parecido. En la guía, casi no destacan nada para ver, en algún pueblo han puesto algunos carteles con el 66, pero parecen de pega.

Así qué finalmente no hemos llegado a Los Angeles. Se hacía de noche, y hemos preferido parar en Pasadena, que esta cerca (los pueblos están pegados, aquí esta todo construido sin separación) y mañana ver Los Angeles a la luz del día y sin prisas. Nos hemos metido en un motel que no es de ninguna cadena, y hemos notado mucho la diferencia, era un poco cutre, pero queríamos probar un motel más auténtico, y vaya si lo ha sido.

Driving Route 66 (10): Leaving Las Vegas

Driving Route 66 (10): Leaving Las Vegas

Hoy sí, por fin es el día del veterano. Para los estadounidenses es todo un acontecimiento, y para nosotros también, ya que nos hemos ahorrado las entradas a dos parques nacionales. Y todo gracias a la guerra. Ayer dejamos a medias la visita al Gran Cañón, se nos hizo de noche a media visita, por lo que esta mañana hemos cogido la carretera de vuelta al parque, tras dormir en Tusayan.

Hemos sido de los primeros en llegar al centro de visitantes, por lo que hemos podido pasear junto al cañón tranquilamente. En esta parte sur del parque, hay un par de miradores que aprovechan las rocas que sobresalen, y que hacen tener una visión de casi 180 grados del cañón. Ayer sólo vimos una pequeña parte, pero esta zona, al ser mucho más amplia, te ayuda a hacerte una idea de su magnitud. Kilómetros y kilómetros. Para llegar a la parte norte del parque, hay 5 horas de coche, lo que puede servir para apreciar lo que tienes delante. Pero es sólo su largura, sino su altura. Al asomarte, se puede ver el río Colorado, muy pero que muy pequeño. Lo raro es que para tener vértigo me he asomado sin problemas.

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Por mucho que maraville el cañón, llega un punto en el que no te aporta mucho más el estar viéndolo embobado. Hay algunas rutas de trekking con bastante buena pinta, pero no estamos para muchas caminatas. Así qué después de congelarnos (hacia un viento helador), hemos recuperado el calor de nuevo en el coche, cuando ya estábamos conduciendo hacia Williams. Por el camino nos hemos encontrado el camping de Pedro Picapiedra, su muñeco estaba junto a la carretera, pero lo mejor es que sus edificios eran igualitos a los de la serie.

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Nuestra siguiente parada ha sido Williams. No estaba prevista, pero al pasar por el pueblo hemos visto que tenía buena pinta, por lo que hemos dado un paseo por su calle principal. Parece que han retrocedido en el tiempo. Muchas de las casas están igual que en la época del salvaje oeste. De esta localidad sale un tren que va hasta el Gran Cañón, para el que hay reservar los billetes con 6 meses de antelación, casi nada.

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De nuevo en la I40, nos hemos salido un momento en Ash Fork para ver un coche sobre una barbería. El negocio ya esta cerrado, pero todavía puede verse el vehículo colgado. Supuestamente hay un dinosaurio al volante, pero a nosotros no nos lo ha parecido.

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A la hora de comer, hemos salido de la I40 hacia el pueblo de Seligman. Nuestra idea era sólo comer, ya que en la guía recomendaban un restaurante, pero al final nos hemos dado un paseo. Hay infinidad de tiendas, bares o gasolineras. Lo más curioso es que cada negocio que te encuentras, tiene una decoración más friki que el anterior. Es el pueblo con más ambiente rutero de los que hemos visto hasta ahora, y eso que sólo tiene 800 habitantes, pero se lo trabajan.

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Pero el día nos deparaba aún más sorpresas. Siguiendo las indicaciones de la guía, hemos cruzado un paso de montaña camino al pueblo de Oatman, del que Gary Turner (el de Gay Parita) nos había hablado. Es el primer puerto que subimos, las curvas han sido sinuosas, pero daba gusto conducir con el paisaje que nos acompañaba. Parecía que los indios saldrían en cualquier momento para perseguirnos.

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Y tras un buen rato de suave conducción, hemos llegado a Oatman. En su época, pueblo de buscadores de oro (todavía queda una mina abierta cerca), hoy en día su sustento son los turistas. Si Williams parecía un pueblo del viejo oeste, que decir de Oatman. Sólo faltaba ver un duelo en su calle principal (creemos que hay duelos simulados dos veces al día). Pero el pueblo es especial por otro motivo: hay un montón de burros sueltos por la calle. Vas andando tranquilamente y se te acercan para que les des comida. Y si ya sacas una bolsa de plástico, como se piensan que es comida para ellos, casi van corriendo hacia ti. A alguna señora hasta la han empujado con la cabeza reclamando para llenar la panza. En la guía dice que pueden llegar a morder.

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La visita ha sido muy recomendable, pero al volver a conectar con la I40, mirábamos el plano y algo no cuadraba: no coincidía la carretera que teníamos que seguir hacia Las Vegas. Nos hemos colado a lo grande, la visita a Oatman la teníamos marcada como opcional, y al hacerla, nos hemos desviado un montón de la ruta prevista. Hemos tenido que volver a Kingman, donde nos hemos desviado hacia Oatman, y coger la 93 norte. Vaya puñeta. Han sido 60 millas de vuelta. Con paciencia, hemos rodeado las montañas para volver a ese punto. En Kingman, y tras coger la carretera buena, nos quedaban otras 100 millas. Nos hemos tirado un buen rato por la 93. Menos mal que al entrar en el estado de Nevada (era el tercero del día tras Arizona y California), hemos cambiado la hora y teníamos una hora más para disfrutar de Las Vegas.

Aunque parezca mentira, hemos llegado sin problemas al hotel. Esta todo muy bien indicado, y con el mapa en mano, hemos atravesado la ciudad hasta llegar a Flamingo Road. No hemos visto el cartel de bienvenida a la ciudad, nos lo marcamos como pendiente. En cambio, al entrar por Las Vegas Boulevard ya se empieza a ver los hoteles con sus gigantescas construcciones. El primero es el Excalibur, con su descomunal castillo. Nuestro hotel es el Tuscany, y esta en Flamingo Road, así que vemos el París, el Bellagio, el Caesar Palace o el Flamingo sin bajarnos del coche.

Tras dejar las maletas en el hotel, en unos minutos estamos andando para llegar al centro neurálgico, el cruce de Las Vegas Boulevard con Flamingo. Sobre nuestras cabezas circula el monorail que conecta algunos hoteles, al más puro estilo futurista. Y esto sólo es una pequeña parte de lo que os hemos encontrado después. Las Vegas se puede definir como la ciudad del espectáculo (además de otras muchas cosas). Basta pasear por sus calles para ver que de va todo esto. Cuando empiezas a entrar en los casinos, descubres que lo que muestran las películas es tal cual. Jubilados enganchados a las máquinas, grupos de jóvenes con copas en la mano y de juerga, camareras con poca ropa, personas jugando solas al blackjack o la ruleta…. El que viene a esta ciudad tiene dos opciones: la primera sería la nuestra, de visita y para conocerla; la segunda, a desfogarse y quemar la ciudad (de juerga o dejándose los ahorros).

Otra parte llamativa es la infraestructura de los casinos. Derroche es quedarse corto al definirlo. Nada es suficiente con tal de sorprender al visitante. Son como parques temáticos. No sólo se juega, hay infinidad de opciones de ocio: tiendas, bares, restaurantes, conciertos…. Nosotros cenamos en el Planet Hollywood, y la comida estaba espectacular, no es sólo apariencia, se lo curran.

Así qué hemos recorrido los casinos más importantes de esta zona la ciudad: Bellagio, Planet Hollywood, París, Caesar’s Palace o Venettia. Nos hemos bajado a la zona sur, por lo nos quedan pendientes el Excalibur o el Luxor. Pero será otro día, estamos bastante cansados y la cama nos llama. Han sido unas cinco horas de visita, pero han sido suficientes para hacernos una idea de que va todo esto. La próxima vez que volvamos, que sea para jugarnos la jubilación, ya que hoy hemos jugado muy poco: unas cuantas partidas a las tragaperras, pero sin suerte, gana la banca.

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