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Etiqueta: HONG KONG

Crónicas chinas. Día 19: Stanley o London

Crónicas chinas. Día 19: Stanley o London

Último día en Hong Kong. La verdad es que estábamos deseando marcharnos. A diferencia de todo lo que habíamos visto anteriormente, y había sido mucho, no llegamos a congeniar con la ciudad. No le veíamos el atractivo que supuestamente escondía. Pero no podíamos dejar de visitar cosas, teníamos el vuelo hacia Shanghai por la noche, por lo que teníamos un montón de horas por delante. Para esta ultima jornada, habíamos dejado las visitas más llevaderas. Tras haber hecho dos islas el día anterior, nos habíamos quitado las excursiones más pesadas, y es que desde que nos pasara lo de Moon Hill en Yangshuo, nos pensábamos muy mucho el hacer actividades pesadas cuando no teníamos la habitación del hotel disponible. Por lo tanto, dejamos la zona de Stanley para ese ultimo día.

Cartel de la entrada del mercado

Esti tenía ganas de visitar el famoso Stanley Market. Llevábamos un montón de días en China y no habíamos tenido muchas oportunidades de profundizar en el mundo de los puestos, aunque tampoco hubiéramos podido comprar mucho, habíamos traído solo una maleta para ir más ligeros, por lo que no teníamos sitio para meter nada. Nuestra idea era comprarnos una segunda maleta en Shanghai, para poder traer las típicas compras. De todos modos, Esti quería visitar un mercadillo, por lo que primero cogimos el metro, y después un txikibus. Stanley se encuentra en la zona sur de la isla de Hong Kong, por lo que tampoco es de fácil acceso. Al igual que Lantau, se trata de una isla montañosa, con carreteras estrechas y muchas curvas. Pero a diferencia de Lantau, donde había pocas construcciones, Hong Kong estaba bastante urbanizada. Se me olvidaba comentar, que como colonia inglesa que fue, conducían por izquierda y los volantes de los coches estaban a la derecha.

Ejemplo de bar en Stanley

Para llegar a Stanley tuvimos que cruzar otras zonas como Aberdeen o Repulse Bay, y allí si que se notaba la influencia inglesa. De hecho, debe haber un montón de ciudadanos ingleses todavía viviendo en Hong Kong (¿Que nacionalidad tendrán? Buena pregunta). Colegios de estilo ingles, no uno ni dos, y todos religiosos por supuesto. Zonas residenciales con sus playas, chiringuitos, concesionarios de Ferrari…. Estaba claro que aquella parte de la isla era el güeto inglés. Y cuando llegamos a Stanley fue todavía más evidente. Mercadillo aparte, se trataba de una zona turística con sus típicos pubs ingleses y sus restaurantes de costa. Por supuesto, si había chinos era trabajando, pocos vimos de turisteo. Todos los carteles de los bares en ingles, las cartas igual, claro que para comer tenían cubiertos, nada de palillos. Del mercadillo, poco que decir. No había mucho genero, y el que había se repetía en los distintos puestos. Lo mejor, que estaba bajo cubierto, por lo que al menos no padecimos el sol. Además de los puestillos, habían construido un centro comercial, por lo que aquello se parecía bastante al puerto deportivo de Getxo. ¿Estábamos de nuevo en Euskadi? Nos habíamos trasladado a otro mundo totalmente distinto. Quizá por esto mismo Hong Kong no fue de nuestro agrado.

Ir a Hong Kong para descubrir que beben San Miguel

A la hora de regresar, en vez del txikibus chocolatero que nos había tocado para ir (llevábamos días utilizando el termino chocolatera para los buses más destartalados, algo tendría que ver Pakito), nos montamos en un autobús de dos pisos, nuevito, en el que además de ir más cómodos, pudimos disfrutar de otras vistas. Nos llevaría de vuelta a Central, pero por otra ruta, así veríamos otras zonas de la isla. Durante el rato que duro, nos quedamos con varios detalles curiosos: vimos un cementerio bastante grande (el único que vimos en el viaje), pasamos por un polideportivo en el que estaban jugando un partido de cricket (¿chinos jugando a cricket? lo dudo), y por ultimo, descubrimos el hipódromo (otra afición muy china). En definitiva, y vuelvo a repetirlo, aquello no tenía nada que ver con China. La influencia inglesa esta aun muy marcada en la isla, y hará falta más de una generación para que las cosas vayan cambiando, en caso de que ellos quieran que cambien, claro.

Todo no iban a ser decepciones. Para ese día estaba prevista la apertura de la estatua de Bruce Lee, así que tras coger el ferry para cruzar la ría, nos presentamos en el paseo de las estrellas dispuestos a sacarme una foto con Bruce. Be water my friend. Nos estaba esperando para la foto, aunque casi había cola para ponerse a su lado. Que pena que no pudiéramos acercarnos un poco más. Era claramente la atracción del paseo. Así que tras las últimás fotos de rigor con Victoria Harbour de fondo, recogimos las maletas en el hotel y cogimos el metro (el airport express concretamente) para ir al aeropuerto. Nos aguardaba el vuelo a Shanghai, que fue sin ningún problema y encima puntual. Dos horas de trayecto, en el que cenamos por segunda vez, ya que previamente habíamos cenado algo antes de montar: no sabíamos que nos darían nada a bordo.

Junto a la estatua de Bruce Lee

Al aterrizar en Shanghai, ya no había ni metro mi autobús, por lo que echamos mano del gremio de los taxistas. A esas alturas teníamos el culo pelado, pero con el que nos toco no hubo ningún problema con el taxímetro. En cambio, cuando le enseñe el papel con el nombre y la dirección del hotel, el tío no saco unas gafas para leerlo, no, para que, cuando tenia una lupa que bien podría utilizar su hijo en el colegio para examinar minerales. Increíble. Una vez más, ver para creer. En China regalan los psicotecnicos en la tómbola, y no es solo un dicho, era imposible que ese señor pudiera pasar un examen físico para conducir. Por algo en vez de utilizar la bocina como el resto de taxistas que habíamos tenido hasta la fecha, este no paraba de meter las largas una y otra vez, para tener algo mas de luz. Al menos llegamos sanos y salvos al hotel, conducía bien, no era un poco temerario.