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Etiqueta: FRENCH CONCESSION

Crónicas chinas. Día 20: descubriendo Shanghai

Crónicas chinas. Día 20: descubriendo Shanghai

Con nuestros amigos chinos

Ultimo lugar en el que nos despertaríamos, Shanghai. Con 20 días de viaje en el cuerpo, ya echábamos de menos volver casa. Quizá esta morriña estaba causada porque Hong Kong no había sido lo que esperábamos. Lo fácil es decirlo ahora, pero de haber sabido antes lo que nos íbamos a encontrar, no hubiéramos visitado la ciudad colonial. Teníamos algo de miedo de que con Shanghai nos pasara lo mismo, pero desde el mismo momento que salimos del hotel, ya sabíamos que no iba a ser así. El Marvel Hotel estaba muy bien situado, frente al Museo de Historia de la ciudad, y a unos minutos andando de la Plaza del Pueblo. Por lo tanto, la primera mañana salimos a recorrer el terreno, por las cercanías. Los parques y paseos comprendidos entre el museo y la Plaza del Pueblo bien merecen un paseo. Así que fuimos caminando tranquilamente, viendo los edificios, durante un buen rato. En una de las plazas nos pararon un jovencillos para hacerse unas fotos con nosotros. Y como yo ya estaba cansado de que solo nos sacaran fotos ellos, me sume a la fiesta, saque la camara, y los fotografié también a ellos. Fue divertido.

La Plaza del Pueblo, rodeada de curiosos rascacielos

Al llegar a la zona norte de Plaza del Pueblo (se le llama plaza, pero es una zona que contiene unos cuantos parques y plazas), encontramos el que llaman Parque del Pueblo, el más atractivo de todos. Muy bien cuidado, con sus estanques, arboles y flores, era un hervidero de gente. Era domingo por la mañana, por lo que muchas personas habían salido de casa para disfrutar de la naturaleza urbana. En este parque nos ocurrieron un par de anécdotas muy curiosas. En cuanto llegamos, vimos que había un montón de personas, sobre todo mayores, con carteles escritos a mano. Daba la impresión de que estaban vendiendo algo. Pero no sabíamos que. La intriga iba aumentando cuando veíamos que en algunos carteles había fotos. La leche, no serán personas desaparecidas, pensamos. Habíamos sacado alguna foto, pero no sacamos ninguna más hasta que descubrimos de que se trataba. En algunas mesas vimos algún libro rosa con unos corazones. Misterio resuelto, estaban buscando maridos o esposas para sus hijos. Pero no había uno, sino cientos de carteles, aquello era un mercado del amor.

Cuando estábamos saliendo del parque, nos abordaron un grupo de jovencitas que no paraban de hablarnos sin parar, en ingles. Cuanto tiempo llevábamos en Shanghai, de donde veníamos, hasta cuando nos quedábamos, eran demásiado majos y encima no callaban. Había gato encerrado. Yo había leído algo sobre el timo de la ceremonia del te. Algunas casas de te deben contratar a jóvenes para que atraigan gente a sus locales, y una vez están allí, pidan te sin parar, y del más caro, por supuesto. Para cuando te das cuenta, te presentan un facturon del que obviamente los jóvenes no se hacen cargo, y que tienes que pagar de tu bolsillo. Nuestras sospechas se confirmaron cuando nos preguntaron si habíamos participado en una ceremonia del te. Momento en el que les dijimos que si, nos despedimos amablemente y nos largamos. Lo que nos faltaba, que nos timaran.

Tengo un/a hijo/a para casar, ¿te animas?

Tras recorrer la Plaza del Pueblo, nos dirigimos a una de las zonas más conocidas de Shanghai, la calle East Nanjing Road. Una calle peatonal y de las más comerciales de la ciudad. Con infinidad de tiendas de ropa y grandes almacenes, pasear resulta complicado por el montón de pesados que se te acercan para intentar venderte relojes: watches, iPhone, tablets, te sacaban una especie de hoja catalogo con un montón de productos. Este tipo de vendedores te suelen llevar a una trastienda o almacén, con la entrada oculta en algún callejón, en la que intentan venderte de todo y de la que es difícil salir sin nada, sobre todo por lo pesados que se ponen. Nosotros estábamos buscando otro tipo de compras, más concretamente un mercadillo que debía estar por la zona, pero que no encontramos. Mas tarde descubriríamos que estaba en West Nanjing, y habíamos ido a East. Había llegado la hora de comer y nos metimos en un restaurante en el que solo había chinos, señal de que el dimsum estaría de muerte, y así fue. Nos gusto tanto, que nos pedimos una segunda ración.

Calles cercanas a la Plaza del Pueblo

Con la información correcta, esta vez si, nos dirigimos a East Nanjing Road, al mercadillo de Han City. Era nuestra primera toma de contacto con los tenderos chinos. Ya nos habían avisado que eran bastante pesados en el regateo. En los primeros intentos, los regateos no llegaron a buen puerto. Nos pedían autenticas burradas, cuando sabían perfectamente que no las íbamos a pagar. Pero tampoco tuvimos la decisión ni la destreza para hacerles bajar el precio todo lo que queríamos, todavía éramos unos novatos. Por poner un ejemplo, uno de ellos me pedía 650 yuanes por una camiseta de fútbol, una autentica barbaridad que no valdría ni la original. Lo que hay tener en cuenta siempre en este tipo de sitios, es que lo que venden son imitaciones, por lo que no podemos tener como referencia el precio del producto original. Y como tan bien nos aconsejo Juantxu, no hay pagar nunca más del 20% de lo quede piden. Pero es difícil, por ejemplo, en una tienda de camisetas de fútbol, un chico que estaba comprando nos dijo que no pagáramos más 35 yuanes, cuando nos pedían 650. Si cuela, cuela. Esti al menos se compro unas zapatillas por un precio razonable, el viaje no había sido en balde. Necesitábamos un respiro tras el agobio del mercadillo, por cada puesto que pasábamos nos salía el vendedor ofreciéndote sus genero, por lo que nos tiramos casi toda la tarde soltando un repetitivo ‘no thanks’. Y tras tanto andar, que mejor que una parada en un Starbucks para tomar un café y descansar.

Callejuela de Concesión Francesa

Como aun teníamos ganas de ver más cosas, y eso que llevábamos todo el día dando vueltas, nos animamos a acercarnos a Concesión Francesa, una zona de boutiques, cafés y restaurantes bastante chic. Concretamente a Tianzifang. Un entramado de callejuelas de lo más autentico. Las casas no eran de más de dos pisos, de ladrillo, y estaban rodeadas por altos edificios y rascacielos, lo que hacia que pareciera un oasis en el desierto. Encima llegamos cuando estaba anocheciendo, lo que le daba un punto mucho más especial gracias a los llamativos rótulos de tiendas y bares. Aquello no tenía nada que ver con la chicharrilla que habíamos vivido un rato antes. Nadie te acosaba al pasar por las tiendas, podías entrar, mirar y marcharte sin más. Claro que el genero tampoco tenía nada que ver. Tras patearnos cada callejuela, nos volvimos a sentar, esta vez en una terraza bastante pija. Nos tomamos algo para refrescarnos y descansar. No hacia el mismo calor asfixiante que en Hong Kong, pero en Shanghai también se sudaba. Estábamos muy a gusto en la terraza, el ambiente estaba preparado para el turista occidental, pero cuando algo esta bien y merece la pena, te da igual para quien este pensado.

Rascacielos cercanos al hotel

Parece que aquel día habíamos recuperado el espíritu viajero perdido en Hong Kong. En un solo día habíamos visto más cosas y habíamos disfrutado el triple que en nuestro anterior destino. Habíamos vuelto a lo que había sido el viaje hasta ese momento, veíamos de nuevo los motocarros, las bicis cargadas hasta arriba, los puestos de comida callejera, los fruteros en cualquier esquina, volvimos a China. Como no queríamos dar la noche por terminada, nos dimos un buen paseo hasta otra de las zonas más conocidas de Concesión Francesa: Xintiandi. No tenía ni por asomo la autenticidad de Tianzifang, se notaba que estaba todo reformado y hasta tenía un centro comercial justo al lado. Era todo demásiado perfecto. Incluso llegamos a ver un restaurante español, La Finca, al que por supuesto no entramos (seguramente será de algún cocinero conocido, aquello era bastante lujoso, habrá que investigar). Y otro alemán donde las camareras chinas iban vestidas con el traje típico alemán. Para salir corriendo. Lo curioso es que las terrazas estaban abarrotadas de occidentales. Menos mal que la Lonely nos recomendaba un restaurante que estaba un poco más alejado del centro comercial, solo a unos pasos, pero lo suficiente para que no hubiera occidentales, solo chinos. Teníamos una idea clara desde que estábamos en China: queríamos evitar en la medida de lo posible la comida occidental. Queríamos probar cosas que al volver a casa no tendríamos posibilidad de comer. Y en ese restaurante acertamos de pleno. La carta tenía platos de todos los tipos y precios, desde los 5 euros a los 100. Nos pedimos unos dim sum (de cangrejo), unos noodles y el cerdo de la abuela, plato recomendando en la carta y que habían pedido en otras mesas. Sobre el cerdo, comentar que a medida que íbamos comiéndolo, Esti descubrió que había algo debajo, los intestinos del bicho enrollados. Como a esas alturas ya no me asustaba por nada, me los comí sin inmutarme. Después de comer tortuga,¿que suponía comerme unas tripas de cerdo?